miércoles 13/10/2021

Hola!

¡Silencio! El silencio nos cuesta mucho. No, muchísimo. Hablar y sentir que nos escuchan es un subidón de autoestima, aún escucharnos a nosotros mismo nos da placer: esos pensamientos (sabiondos), conjeturas, suposiciones, quejas, ideas geniales, todo ese enjambre de pensamientos que no permiten que exista silencio en nuestro corazón, así mismo nos impiden escuchar, atender, estar en quietud.

Silencio: mudez, abstención de hablar, falta de ruido.

¡Oh, oh! Difícil, Sin silencio, no habrá espacio para escuchar a Dios. Silencio de palabras habladas y pensadas, silencio es lo que necesitamos en la meditación. Acallar todas nuestras inquietudes, dudas y conjeturas… para dar paso a la lectura de la Palabra de Dios, para que cale, penetre en nuestro corazón y pueda sepultar todo aquello que la obstruye (orgullo/falta de humildad). El silencio es una manera de reverenciar al Señor.

«Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra.» [Habacuc 2: 20]

Y hace falta silencio «dentro», también fuera de uno/a; el ruido que nos circunda puede distraernos y alterar la concentración.

«Guarda silencio ante Jehová, y espera en él.» [Salmos 37: 7]