Hola!
¡Sed perfectos!
La meta, es la perfección. ¿Qué es la perfección? Es excelencia, superioridad, madurez, esplendor, pureza, prototipo, modelo. ¿A quién nos recuerda este concepto? Sin duda, a Cristo. Aquí el consejo: «Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.» [Efesios 5: 1]
Es decir, si imitas a Cristo, te comportarás como un hijo de la luz, un hijo amado y a su vez que ama al Padre.
¿Cómo? Andad en amor, ese es el cómo. No caben medias tintas, es la perfección lo que quieres alcanzar: anda en amor. La mediocridad nos aleja de la perfección, aún cuando no estemos en imperfección total, si nos quedamos en la queja, la falta de paciencia, no siendo diligentes, desaprovechando el tiempo, y a veces siendo necios… difícilmente salgamos del status cristiano mediocre.
La perfección nos hace participe de la santidad. Desechando las palabras deshonestas, las necedades, la avaricia y toda inmundicia nos acercamos al ejemplo de Cristo. Omitiendo en nuestra vida la idolatría , seguramente estaremos cerca de heredar el reino de Cristo.
Lee con atención el capítulo de Efesios 5. Pablo hace una exhortación precisa y detallada de cómo ser hijos de la Luz.

