lunes 04/10/2021

Hola!

Mansedumbre y reverencia. Dos condiciones útiles a cultivar.

Mansedumbre: es condición de manso, es decir ser benigno y suave. Nunca agresivo o violento. Y la reverencia es la manera de tratar al otro con respeto. Nada tiene que ver con ser «débil,» «sumiso,» o «permisivo,» sino por el contrario, es la capacidad de medir y delimitar fronteras a la libertad del otro, sin afectar la propia libertad.

Si cada quién fuese capaz de ser manso y reverente con el adversario, o el que le increpa (aún los gobiernos)… aseguro que no existirían las guerras en este mundo. Fijaos lo que dice la Palabra: «… estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros.» [1ª Pedro 3: 14b]

No hay entonces, que dejar a otros que nos cuestionen o demanden sobre nuestra filosofía de vida, o razón de nuestra esperanza/ fe, así como así, tal vez con insultos u ofensas, incredulidad y apatía, sino sólo debemos exponer la Palabra sin confrontación, dejando libre al interlocutor y sin violentar su atención hacia nuestros argumentos.

Observad: «Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.» [Mateo 5: 5]

Ahora, los que son fuertes, competitivos, agresivos, violentos, tienen más aceptación en el entorno moderno, y para todos es contradictorio comportarse de forma mansa, es que «son raritos,» y por tanto con esa tesis de prevalecer sería ideal no ser manso ¿te parece?

Sin embrago, la advertencia sobre recibir la tierra por heredad, por aquellos que son mansos, parece indicar lo contrario.

No hay ley contra la mansedumbre, (Gálatas 5: 22- 23), Una virtud, que por demás es fruto del Espíritu.