Hola!
Pues sí, hay más simplicidad en pensar y orar antes de actuar, que en andar «alocadamente,» (eso de: según van saliendo las cosas las voy tomando o dejando), porque difícilmente te equivocarías, difícilmente echarías por tierra los esfuerzos, y más aún: «¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?» [1 Pedro 3: 13] Si el pensar y actuar van de la mano de la voluntad del Señor no serás defraudado.
Así es como se va recreando el «destino/camino» al que hice antes alusión, no significa que ciegamente planifico algo, sino significa que cuando me propongo alguna cosa a hacer, ya está respaldada por aquello que hablamos en un inicio: procurando que sea para misericordia, para benignidad, mansedumbre, humildad y con paciencia (paciencia no parsimonia, a veces lo confundimos.)
Cuando lo pensamos y a su vez oramos, confiando en fe, la visión cambia, se amplia. Porque la visión a través de la fe, nos permite descansar y el esfuerzo que hagamos será recompensado con esa paz que sobrepasa todo entendimiento, ese es el punto.
Y si os veis en una de esas situaciones tan comunes en que serás enjuiciado, (por seguir a Jesús, por ejemplo) no dudéis, mantened la humildad y la benignidad; dice la Palabra: «no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros» [1ª Pedro 3: 14- 15]

