Hola!
Convertir en acciones los pensamientos, observar constantemente las acciones es un alto reto, sobre todo si hablamos de desprendernos de aquello que más nos marca como humanos: el juzgar, el opinar, el orgullo, el egoísmo, la malignidad, la intemperancia, la ira, la intranquilidad; para dar paso a todos sus antónimos: misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre, paciencia.
El premio es bueno, parafraseando a M. Thatcher: según cuidas tu carácter harás un destino.
¿Destino? Digamos que es dirección, rumbo, camino. ¿Qué camino te propones seguir?¿Tendrás que vigilar tus pasos para no desviarte? ¿Habrá que cambiar radicalmente ciertos hábitos y adquirir nuevos?
«Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno…» [Colosenses 3: 8- 10]
Despójate del viejo hombre con sus hechos, Detente, comienza nuevamente revestido del nuevo. «Vestíos, pues, como escogidos de Dios.»

