Hola!
Esos hábitos que hemos arrastrado por siglos, son los que nos frenan y nos impiden sostener un criterio propio certero, bueno, sabio.
1.- El no escuchar.
2.- El no obedecer.
3.- El no ser humildes.
4.- El no cotejar con la verdad, aquellas posibles medias mentiras.
5.- El no admitir consejo de sabio
El no escuchar es clave, para quedarnos en la nada, y asirnos a las evaluaciones inciertas. Una única manera de conocer la verdad que Dios nos pone delante es justo escucharle, con atención, apreciando cada Palabra, cada idea que nos expresa y la intención del Señor de librarnos del mal se hará realidad en nuestra vida.
«Guarda y escucha todas estas palabras que yo te mando, para que haciendo lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová tu Dios, te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para siempre.» [Deuteronomio 12: 28 ]
Hay una promesa, una condicionante que cumplir primero.
Guardar: Poner algo donde esté seguro. Observar o cumplir aquello a lo que está obligado.
Escuchar: Prestar atención a lo que se oye, dar oídos, atender un aviso, consejo o sugerencia.
Para escuchar no queda de otra que permanecer en silencio, vaciar de prejuicios nuestro pensamiento y prestar atención. ¡Hay que estar en silencio para escuchar!
Después, habrá que guardar en nuestro corazón, (que es engañoso por naturaleza) cada verdad que nos presenta el Señor en su mandato, en su orden, en su enseñanza. Es trabajoso, pues tenemos que dejar espacio para guardar la Palabra, desechando todo lo que la contravenga.
Luego, la condicionante a cumplir es hacer lo bueno y lo correcto (recto), ANTE LOS OJOS DE JEHOVÁ.
En ocasiones el mundo que nos circunda, aplaude y aprueba, principios que a ojos ver de la gente, lucen honorables, respetuosos, los más repetidos son el derecho a la vida y la libertad, y hace falta pasar por sobre estos «principios humanos» y sopesar si realmente son o no engañosos, según a lo que se llame vida y libertad.
La obediencia, en esta radica la acción fiel en nuestra relación hijo/ Padre. Para esto primero habrás escogido tú el respeto a tu Dios, que te ordena y te manda, El Dios que aceptas luego de que Él te llama. Es un ejercicio de libertad.
Las medias mentiras/verdades nos influyen mucho, pensad en cómo Eva fue engañada y Adán se dejó engañar, tan fácil como:
– ¡Luce tan cierto, es tan apetecible, tan lindo a mis ojos, tan satisfactorio, claro que lo merezco!-
«Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.» [Génesis 3: 6]
Puedo hacer valer mi criterio propio y por tanto tomar la decisión personal que decida… sin escuchar, sin guardar, sin obedecer al Consejo del Dios Padre, bien, sólo que la promesa no se cumplirá. ¿Qué promesa?
«… te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para siempre.» [Deuteronomio 12: 28 ]

