miércoles 15/09/2021

Hola!

II

¿Qué deberíamos tener en cuenta a la hora de estimar sobre el criterio propio?

Las personas por lo general, estamos persuadidas de que contamos con la capacidad de tener verdad en nuestros razonamientos; sea del tema que sea que pensemos, hablemos, opinemos o analicemos, estamos «segurísimos» que somos expertos en dicho tema, y eso muchas veces nos corta la capacidad de aprender, o retener lo que sí es verdadero. Y se traduce en nuestro quehacer, como un acto bueno, generoso, o honorable, tampoco siempre es así, cada decisión consciente nos parece que es acertada, y sin embargo en muchas oportunidades erramos porque somos altivos, caprichosos y nos suponemos sabios.

«Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; Pero Jehová pesa los espíritus.» [Proverbios 16:2]

Deberíamos comprobar si nuestra espiritualidad está en lo cierto. Para evitar equivocarnos en nuestro criterio, debe estar basado en el respeto a un depósito de verdad con valor inestimable, es decir, la sabiduría que viene de Dios, y no de nosotros mismos. Si no es así, nos salimos de la línea correcta.

Es tan fácil dejarnos engañar, por nuestra falta de experiencia (ingenuidad), por palabras dulces y prometedoras, que desde Génesis vemos como el engaño y el fraude ha hecho mella en cada uno de nosotros al punto que hemos arrastrado por siglos de existencia desobediencia y rebeldía a los estatutos de Dios.

Es por eso, que en el pasaje Bíblico de la carta a Filemón, Pablo confía en la obediencia de éste, y considera que tomará la mejor y más sabia decisión respecto a Onésimo.

Para que nuestro criterio propio sea realmente conveniente tendríamos que deshacernos de algunos hábitos que «atesoramos,»

1.- El no escuchar.

2.- El no obedecer.

3.- El no ser humildes.

4.- El no cotejar con la verdad, aquellas posibles medias mentiras.

5.- El no admitir consejo de sabio