Hola!
VIII
Una mujer que me lleva a reflexión siempre que leo sobre ella. Aquella que sin hablar movió a Jesús a hacer misericordia, y al unísono emitir un juicio certero. El hecho es descrito por el evangelista Juan, en su capítulo 8.
La idea de los escribas y fariseos era tentar a Jesús.
Estando Jesús de buena mañana en el templo enseñando a los que le seguían, trajeron delante de Él a una mujer que según estos fue sorprendida en el acto del adulterio.
Colocan a Jesús entre la espada y la pared: – Moisés en la Ley dice que estas mujeres deben ser apedreadas… ¿y tú que dices al respecto? Si decía algo a favor de la mujer, quedaría en tela de juicio su respeto a la Ley mosaica, pero si iba a favor de castigar a la mujer con la pena de muerte, entraría en conflicto con la ley romana… Evidentemente el Señor conoce los corazones.
Algo importante escribió en la arena… algo que sorprendería a los presentes. Así, en cuanto insistieron, el giro que dió El Señor al diálogo fue inimaginable para los escribas y fariseos… Ni la ley de Moisés, ni la ley romana… ¡Ustedes, ustedes!, ¿qué pueden opinar del pecado de ella… acaso no son tan pecadores como ella? Es lo que imagino que interpretarían los acusadores:
– El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la primera piedra contra ella.
Nadie. Ahora si que se pone interesante la historia.
– ¿Mujer, dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?- Preguntó Jesús a la acusada.
– Ninguno, Señor- Respondió la mujer.
– Ni yo te condeno. Vete y no peques más.
Y Jesús dió por concluido el evento.
Una adultera, ¡Uf! Serio problema, para la moralidad de los que seguían al pie de la letra la ley mosaica, para Jesús fue una oportunidad de enseñanza.
Sin agravios, sin vituperios, sin regaños ni amonestaciones, sólo una recomendación: no peques más. ¿Dónde estaría el sujeto con quien cometió el adulterio aquella mujer? Ciertamente pecó también, pero a él no le apedrearían, vislumbro mucha desigualdad, injusticia, discriminación por el género… sí, todo en un sólo acto.
Y Jesús tiró por suelo todo argumento de los escribas y fariseos, e hizo justicia total y ejemplarizante, además que mostró de misericordia con ella. (Notemos que no se habla de que la mujer expresara arrepentimiento, me da la impresión como que ella estaba absolutamente convencida que merecía el castigo; y Jesús, que conoce los corazones, fue misericordioso con ella, aún mereciendo justicia, la perdonó.)
Nuevamente una mujer es el instrumento para mostrar la verdadera razón de ser del Dios hecho hombre:» Dios no envió a su hijo al mundo para condenarlo, sino para que el mundo sea salvo por Él. El que en Él cree no será condenado, pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el unigénito Hijo de Dios.» [Juan 3: 17- 18]

