Hola!
VII
Dos mujeres. Marta y María, hermanas de Lázaro, de Betania, una aldea cerca de Jerusalén. Ambas amaban al Señor, eran la representación de dos vertientes, una adoraba, la otra servía.
Da la impresión que era frecuente que ellas acogieran al Señor en su casa. Al menos tres encuentros entre Jesús y Marta con sus hermanos es descrito de forma exhaustiva en los Evangelios, Lucas 10: 38- 42, Juan 11: 1- 44, Juan12: 1- evidentemente había una amistad entre Jesús y esta pequeña familia de tres hermanos, Es más, amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. [Juan 11: 5]
Estas dos mujeres demostraban de manera diferente, según sus temperamentos la relación de discípulas/ maestro. Y esto sirvió para que el Señor estableciera qué es indispensable y qué es bueno, definitivamente la adoración es por encima del servicio. Servicio sin adoración no es lo suficientemente útil.
Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.
Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.
Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.
Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.
Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. [Lucas 10: 38- 42]
Ambas tenían en común la fe en Jesús, ambas eran hospitalarias con Él, y prestaban atención a su Ministerio. Marta da la impresión de ser una anfitriona relumbrante, parece la mayor de los tres hermanos, pues su nombre siempre aparece primero en la lista en que se manifiestan sus nombres. De un temperamento fuerte y critico que irrumpe en su queja sobre el estar sola sirviendo, con toda la carga para ella. María luce más apocada para estar en los trajines del servicio, sin embargo estaba literalmente pendiente de lo que decía el Maestro y pasaba de todo lo demás.
Las verdaderas acciones, no son obras por obras, esto tiende a resaltar más que nada el propio ego, sino que deben estar basadas en la fe en la redención de Dios, y su justicia. El foco de la fe está en lo que Dios ha hecho por nosotros… no lo que hacemos nosotros por Él. Ambos adoración primero y servicio después van de la mano, para que el equilibrio espiritual respecto a estos aspectos sea adecuada. El Señor deja claro esta enseñanza. Cuidar que el servicio no sea una distracción de lo que es verdaderamente necesario. Y lo que hacemos es la demostración de una fe válida. Pues la fe es la que nos justifica, no el servicio en sí mismo.

