miércoles 28/07/2021

Hola!

I

El Libro de Hageo, nos enseña no sólo históricamente sobre la reconstrucción del Templo al regreso de la cautividad de Babilonia, mostrando fechas exactas y situación histórica ubicándonos en tiempo y espacio, sino que también es un Libro que muestra a un Profeta preocupado y ocupado con tal asunto; la restauración y reconstrucción del templo es la idea central de éste escrito, contiene las fechas exactas en que desarrolla la labor de Hageo:

«En el año segundo del rey Darío, (gobernó del año 521 a 485 a.C) en el mes sexto, en el primer día del mes, vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y a Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote...» [Hageo 1: 1]

Hageo reprende, exhorta y anima al pueblo a cumplir el cometido que le ha sido revelado y la importancia del cumplimiento de dicha misión.

Cuando el pueblo comenzó la reconstrucción del templo, luego del celebre edicto, que pone fin a la cautividad del pueblo judío, del rey Ciro [año 538 a. C], y regresan a Jerusalén, se suscita un entusiasmo ferviente entre el pueblo por la reconstrucción del templo. Sin embargo, les invade el desaliento en dicha tarea cuando se desarrolla la intranquilidad entre los judíos porque los medios con que disponen son precarios y porque tiene que hacer frente a la hostilidad de los samaritanos con frecuencia. Así las obras se paralizan en un momento dado, y sí avanzan construcciones de uso privado, lo que contrasta con la paralización de las obras en el templo.

Aquí es dónde Hageo hace su intervención movido por la Palabra de Dios, Jehová de los ejércitos que le hace saber el por qué de algunos avatares que estaban sufriendo:

«Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo. ¿Por qué? dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa. Por eso se detuvo de los cielos sobre vosotros la lluvia, y la tierra detuvo sus frutos. Y llamé la sequía sobre esta tierra, y sobre los montes, sobre el trigo, sobre el vino, sobre el aceite, sobre todo lo que la tierra produce, sobre los hombres y sobre las bestias, y sobre todo trabajo de manos.» [Hageo 1: 9- 11]

¿Qué está sucediendo? Pues, la negligencia en la construcción del templo comienza a dar frutos: malas cosechas, escasez de comida, etc. y el pueblo siente éstas penurias en su propia carne. ¿Por qué? Pues, Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa.

Una reflexión: Después que el Señor te ha sacado de cautividad, seguramente un entusiasmo sano te envuelve para dedicarte a sus cosas, y según se presentan nuevos retos puede que el desaliento se adueñe de «aquello,» que te hizo regresar al Señor, y comienzas a analizar y racionalizar tu situación hasta decidir que no es «el tiempo de reedificación,» así te acomodas, te detienes, te paralizas… igual que sucedió en la reconstrucción del templo. ¿Acaso es necesario que los frutos se sequen, para que vuelvas al punto inicial de regreso de la cautividad?