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I
El Libro de Job, el primero de los Escritos (ketuvim, en hebreo: כְּתוּבִים, «Escritos»), es un libro poético – sapiencial. Poético porque solamente en versículos introductorios es usada la prosa, y la mayoría del cuerpo del escrito se expone en poesía. Es poesía porque su autor usa imágenes llenas de plasticidad, un lenguaje sonoro y lleno de ritmo, combinando la profundidad de pensamiento con la belleza del lenguaje.
Primeramente se presenta las circunstancias en que se desarrolla todo lo que acontece a un fiel hombre de fe, que vive en Uz, Job; “perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal,” pero victima de una serie de desdichas que se suceden una tras otra, lo reducen a una condición miserable (pierde sus riquezas, sus hijos, la salud, y además, a su mujer le acosa insistentemente sobre su perdida de tiempo de seguir confiando en el Dios que permitió toda su desgracia), y a pesar de todo, Job no se permitió pecar con sus labios contra el Señor. Sus tres amigos se acercan a consolarlo, y de paso a inculparle pues de Dios se recibe el mal cuando se obra en mal (Elifaz, Bildad, Zofar) y un cuarto personaje Eliú quien reprende con ironía a Job y sus tres amigos, al final la intervención es de Jehová, Dios.
Este Libro revela la amargura de Job, su lamento por la adversidad que sufre, preguntándose el por qué le ha tocado tanto mal. Sus amigos afirman que las desgracias son el castigo por el pecado, lo que deja claro que ellos culpan a Job. Al final Eliú arremete contra Job y también contra los tres amigos, presentándose como un juez imparcial de lo que sucede. Por último Jehová, que no hace referencia de los padecimientos de Job, sino que reafirma la grandeza de Dios. Los designios divinos son incomprensibles para los humanos. [Extraído de las notas de BRV 1960]
Hasta aquí una introducción para ubicarnos de que va este Libro sapiencial.
Me quiero referir a cómo y cuándo Job recibe misericordia. La pregunta: ¿Y la misericordia cuando llegará?, es la idea central de lo que vamos a tratar.

