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III
¿El cautiverio qué provoca? Aflicción, tristezas, la persona está en desasosiego, pierde el sueño, su alma se va consumiendo y el espíritu se turba.
La persona comienza un proceso de concientización de su situación pecaminosa, del abandono o lejanía de Dios y se desarrolla una desesperación por regresar de la cautividad a la presencia de Dios. Y desde ese estado es que Dios hace la obra. Es cuando la persona interioriza que su alma está encarcelada y clama:
«Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre; Me rodearán los justos, Porque tú me serás propicio.» [Salmos 142: 7]
Con la esperanza de ser liberado de la angustia, va enfocándose nuestro pensamiento en una vida con posibilidades de amar, se renueva la gratitud hacia Dios, sientes que es posible, regresa la alegría, y se ilumina el rostro. La ilusión del cambio proporciona el crecimiento en fe de que es posible que El Señor te haga regresar de la cautividad, como sucedió al pueblo de Israel. (Lee el Salmo 126) Se descubre la alegría, el cantar que provocó en su pueblo cuando les regresó de la cautividad; así sucede al Alma cuando es liberada de la carga del pecado, y es restaurada.
Se nota, a los ojos de las personas que rodean al que es restaurado, efectos en su vida que testimonian la obra del Señor. La gente se sorprenderá, quedarán fascinadas al descubrir el cambio radical que se vislumbra en la persona que vuelve de la cautividad. Es testimonial, porque reconocen que Grandes cosas Dios ha hecho en esa vida.
La alegría se demuestra en risa, en alabanza, en gratitud… y esto es impactante al que observa el cambio, al que observa cómo sale del pozo de lodo de manera victoriosa ese que se regodeaba en la inmundicia. La gente se pregunta cómo sucedió:
«Clamé a ti, oh Jehová; Dije: Tú eres mi esperanza, Y mi porción en la tierra de los vivientes.» [Salmos 142: 5]
Así es el inicio del paso del desamparo a la liberación: . reconocer el estado propio,. clamar al Señor, . seguridad en que la obra redentora la hace el Señor haciendo misericordia en nuestras vidas.

