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I
Cautividad.
Veamos algunos puntos de vista distintos sobre la cautividad, primero la cautividad que lleva al destierro.
A lo largo del Antiguo y Nuevo Testamento se habla de la historia de la redención para todos, y se detiene precisamente en la libertad que disfrutó y la cautividad que sufrió Israel. Israel fue liberado directamente por el Poder de Dios de la persecución de Egipto, y más adelante… lo profetizó Jeremías mucho antes que sucediera (Jeremías 25:11-14),el pueblo de Israel fue confinado por la Babilonia de Nabucodonosor por 70 años.
“En aquel tiempo subieron contra Jerusalén los siervos de Nabucodonosor rey de Babilonia, y la ciudad fue sitiada. Vino también Nabucodonosor rey de Babilonia contra la ciudad, cuando sus siervos la tenían sitiada.” [2ª Reyes 24: 10- 11]
¿Qué significado podemos interpretar para nosotros hoy, todo este “quehacer” por el que pasó el Israel del Antiguo Testamento?
Quebranto, dolor, cautiverio, todo consecuencias de la reiterada Idolatría de Israel, pero… también el exilio que Dios dispuso para su pueblo tiene otra arista: al pueblo cautivo en Babilonia, Dios le hizo llegar el mensaje de que debían edificar casas, plantar huertos, construir familia, y vivir en paz.
“Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, a todos los de la cautividad que hice transportar de Jerusalén a Babilonia: Edificad casas, y habitadlas; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos. Casaos, y engendrad hijos e hijas; dad mujeres a vuestros hijos, y dad maridos a vuestras hijas, para que tengan hijos e hijas; y multiplicaos ahí, y no os disminuyáis. Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz.” [Jeremías 29: 4- 7]
Que interpretamos de este pasaje: El exilio, no es cosa de juego, es doloroso y cuesta , sin embargo, podemos interpretar que el ser creyente en los tiempos que corren hoy, en donde nos toque vivir… “en la moderna Babilonia,” lo que quiere el Señor es que nos integremos socialmente, aún sin ser del mundo, y conforme al llamado que tengamos ser luz; que los demás nos puedan distinguir por cómo damos testimonio de Cristo.
“Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.” [Juan 17: 14- 15]

