viernes 09/07/2021

Hola!

V

Ya hemos aprendido qué es la sujeción: es una actitud en que se reconoce y honra la autoridad de Dios, en que se evalúa el Plan de Dios para cada uno como perfecto, y por tanto asumes que estando en sujeción al Señor tienes bendición, protección y estarás en un lugar de honra.

El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente.” [Salmos 91: 1]

¿Quién recibe bendición, protección y honra? El que en sujeción y obediencia sirve al Señor.

La cúspide de la sujeción / obediencia a Dios es la sumisión, esa postura en que sin pedir cuentas al Señor nos hacemos partícipes de su Palabra sea cual sea la situación o circunstancia que estamos viviendo.

¿Y qué cuando los tiempos son dolorosos, qué cuando parece que la sombra del Omnipotente no te cubre, cuando la secuencia de problemas es continua y acumulativa?

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” [1ª Tesalonicenses 5: 18 ]

Lo que el profeta Habacuc detalla en el capítulo tres de su Libro… no es más que una secuencia de problemas continuos y acumulados… muy similar a lo que nos puede suceder en determinadas épocas… cuando luce que todo está perdido, que no se vislumbra salida, que están sucediendo cosas que no son consecuencia de nuestra voluntad, lo que percibimos con nuestros sentidos es el silencio de Dios. Pero, cuando admitimos que Dios está en control, ocurrirá un vuelco en nuestra percepción, surgirá la certeza que por nuestra sujeción/ obediencia/ sumisión a Dios acaecerá la bendición.

Esas situaciones extremas, extenuantes, no deben arrojarnos a la desesperación nunca; sino a la aceptación de la voluntad de Dios, y a pensar justamente que lo terrenal es pasajero y la Salvación es eterna.

Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación.” [Habacuc 3: 17- 18]