Hola!
IV
Repasemos el Protocolo:
Primero, Dios te ama, llama a tu corazón, tú te dispones y abres la puerta, comienza un período de acercamiento y poco a poco desarrollo de esas fases de apego a las cosas de Dios: escuchar, entendimiento, inicio de la sujeción… Primero por protección, también por tradición, por sentido común… Hasta que se experimenta paso a paso la madurez espiritual y comienza la máxima expresión de sujeción que es por amor y, he ahí la adoración.
¿Cuál es la siguiente línea en esta serie de pasos? Respuesta: El Servicio/ también es un acto de manifestación de adoración a Dios, que está directamente relacionado con la sujeción a Él.
Descubrir los dones y talentos e inmediatamente ponerlos en práctica, es la ejecución de la sujeción a Dios. ¿Por qué el servicio? Respuesta: Pues, es la forma de experimentar y expresar el amor de Dios en nosotros (somos instrumentos de su amor) al hacer algo por otros y para otros. Nótese que hay una distinción, aclaremos el concepto, puede que seas un servidor por naturaleza, y te sea fácil ser así, lo que sucede en el caso que hablamos es que la motivación para servir, no sólo es ayudar o apoyar a otros… no es con fines altruistas… es algo más comprometido: servir porque sabemos que a Dios le agrada y es una acción «con los pies en la tierra,» ¿Por qué? Respuesta: el servicio debe ser consciente, conlleva intención, conocimiento sobre en qué área podré servir mejor, y con seguridad será con una cuota de sacrificio personal, debe ser consistente, es decir útil y mantenido en el tiempo.
Hay una promesa, dicha por Jesús: «Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.« [Juan 12: 26]
Este es nuestro paradigma:
«Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,
el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;
y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.»[Filipenses 2: 5- 8]

