lunes 05/07/2021

Hola!

I

Si te dispones a buscar a Dios, lo encontrarás, y el siguiente paso será la sujeción a Él.

Por norma general nos disgusta acatar órdenes, mandatos, sujetarnos a alguien que nos gobierna.

Desde la infancia luchamos contra el gobierno de nuestros padres/madres, maestros, etc. y luego en la adultez, igualmente las normativas nos causan pavor.

Hay una tendencia en las personas en sobrepasar normas, en llevarse por su único juicio y deseo, de hacer sea lo que sea aunque quebrante normas o libertades de otros.

El gobierno que ejercen los hombres unos sobre otros ejercita una autoridad imperativa, tratando de someter la libertad desordenada en función del bien común. Puede que tengamos muchas experiencias negativas en este sentido, y eso deja huellas con las que hay que lidear y encontrar soluciones sabias.

Sin embargo el gobierno de Dios es basado en el Amor, porque Dios es Amor, y esa es la naturaleza de su autoridad. Es el modo de gobernar de Dios el único que permite al hombre acceder a una plena libertad, no sólo de Espíritu, también en el resto de esferas de la vida.

Y aunque para muchas personas es contradictorio sujeción y libertad, en la ley del amor que supone la fe en Dios, la sujeción a Dios da libertad completa y vida saludable al alma.

Si lo pensamos bien, la fe en Dios es lo que nos mantiene sujetos a su autoridad, a su voluntad, a su gobierno, porque si decimos que amamos a Dios, y no cumplimos su Palabra, es un espejismo de fe lo que tenemos.

Cuando eres capaz de comprender esto, y tienes la plena certeza que el gobierno de Dios en cada uno de nosotros produce beneficio y bendición entonces practicarás la sujeción a Dios.

Sujeción es igual a atadura. Atarse a alguien, en el caso que nos ocupa es a Dios, significa aceptar sus preceptos y acatar como sabia y absoluta su voluntad, con obediencia y gratitud.

«Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Átalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón;
Y hallarás gracia y buena opinión Ante los ojos de Dios y de los hombres.»
[Proverbios 3: 3- 4]