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V
Los que conocieron personalmente a Cristo, también conocieron el celo por la casa de su Padre. Los Evangelios revelan cómo se ocupó de cuidar cada detalle de las enseñanzas que recibió del Padre, por ejemplo, los mandamientos. Era claro en cada exposición de las Escrituras y su vida fue testimonio fehaciente de ello. La pasión que le movía era la construcción del Reino de Dios, y en ello puso su vida.
Lo tipifica aquel evento que descolocó a todos:
«Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén,
y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados.
Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas;
y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado.
Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume.» [Juan 2: 13- 17]
Más adelante, luego de fundada la Iglesia, Pablo hace participe del celo Divino, un celo cristiano que le provocaba a hablar sin disimulo, desenmascarando todo lo que conllevaba a la confusión de los cristianos.
«Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo.» [2ª Corintios 11: 2]
Pablo alertaba y advertía sobre las falsas doctrinas, sobre los engañadores y los falsos apóstoles, obreros fraudulentos… Estaba celando a las iglesias que él había fundado, porque quería retenerlas y guardarlas santas y puras en todo esplendor para Cristo. En eso se concentraba su misión.
Dios es santo, las rebeliones y pecados le provocan celos. Deberíamos tenerlo en cuenta.
«Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados.» [Josué 23: 19]
El Señor vela y cela a sus hijos, se goza en la obediencia de ellos, no admite las rebeliones. El gozo de sus hijos es celar el Reino, trabajar para ello como Jesús.

