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III
¿Qué hay de celos/ envidia entre miembros de una comunidad cristiana? ¿Habrá lógica en ello? La única lógica es que aún hay carnalidad, es decir falta espiritualidad, y que queda largo trecho para la santidad, un camino duro para despojarse del antiguo hombre. Pablo llama la atención en este sentido: «… porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?» [1ª Corintios 3: 3]
Un signo de avance en la espiritualidad cristiana es sin lugar a dudas, el conseguir deshacerse de los conflictos emanados de celos, eso muestra cercanía al carácter del Señor. «Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.» [Romanos 13: 13- 14]
Hace mucho daño a la Comunidad cristiana coexistir con rasgos de celos, ya sea entre sus miembros o con otras personas cercanas a la Iglesia local; aún Inter-denominacional, porque empaña el testimonio y aleja a los que podrían estar buscando un sitio para conocer a Dios. Luego puede también desunir a los propios miembros con querellas sin sentido, o disputas peliagudas que desarman y descomponen el Cuerpo y sus miembros. «Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica.» [Santiago 3: 14- 15]
Otro enfoque de lo negativo de los celos, son aquellos que se producen al admirar a los impíos… ¡No te lleves las manos a la cabeza; que sí, muchas veces nos regodeamos admirando lo que poseen otros que no comulgan con la confesión cristiana! Ya lo dicen desde el Antiguo testamento los libros sapiensales:
«No envidies al hombre injusto, Ni escojas ninguno de sus caminos.» [Proverbios 3: 31]
«No tenga tu corazón envidia de los pecadores, Antes persevera en el temor de Jehová todo el tiempo; Porque ciertamente hay fin, Y tu esperanza no será cortada.» [Proverbios 23: 17- 18]
¿Cuántos hemos visto deslizar nuestros pies y perder el equilibrio, como al Salmista ?
«En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, Viendo la prosperidad de los impíos.» [Salmos 73: 2- 3]

