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II
La presencia de celos, por ejemplo en una pareja, llegará a ser una fuente de conflictos, que acarrea emociones negativas, como irritabilidad, ansiedad, discusiones. Consecuentemente distanciamiento y vuelta a empezar como la pescadilla que se muerde la cola. Ese nivel de posesividad que caracteriza al inseguro que quiere mantener la relación provoca una disminución en el disfrute de la vida en pareja, y ambos salen dañados en ese circulo, la persona que cela en demasía mantiene un estado de baja autoestima y estado de ánimo pésimo, esto es trasladado al otro/a llevando a la autodestrucción de la relación, como ya había comentado, se pierde la sana relación.
No cabe dudas, que los celos… esos que conllevan a «entrar en ebullición,» hacen obrar de forma malvada. «Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.» [Santiago 3: 16]
La historia de Caín y Abel… es la muestra de cómo los celos/ envidia pueden engendrar tal violencia que aún los lazos de sangre pueden ser pisoteados. (Génesis 4: 1- 10)
Dada cualquier situación, sea entre familiares, hermanos, esposos, compañeros de trabajos, vecinos, etc. en que su inicio sea los celos (que suponen envidia incluida) desarrollará ira y pérdida de control; así con seguridad llegará a su fin todo pacífico y amable vinculo. La solución es abortar esa chispa de envidia, aún esa que llaman «sana envidia,» antes que su germen tome fuerzas… pues nadie es capaz de aislarse de ella una vez que se adueña de los sentimientos. «Cruel es la ira, e impetuoso el furor; Mas quién podrá sostenerse delante de la envidia?» [Proverbios 27: 4]
Ante la perfección del hacer del prójimo, lo sabio es regocijarse de su triunfo, considerar el don que ha perfeccionado de forma positiva y no con celos porque, traerá sufrimiento y brotará una raíz de amargura. «He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.» [Eclesiastés 4: 4]

