Hola!
II
Siendo los Votos aquello que se convierte en Pacto, entre un hombre y una mujer que deciden acompañarse el resto de su vida, ocurrirá que el quebranta esos votos hace que se rompa la pareja y por consiguiente se forje una crisis por desmembramiento de la familia, aún si es una familia formada solamente por los esposos, y aún más aguzada si tuvieron hijos.
La forja de un matrimonio es nada fácil, más bien complicada. Dos personas que proviene de mundos distintos, entornos diferentes, manías y educación disímiles, les es un quebradero de cabezas acordar de forma consensuada y libre en cada aspecto de la convivencia, y sólo se puede soportar en “pie,” cuando además de profesarse un verdadero amor, admiración y respeto tienen un mediador justo y certero (hablo de un matrimonio que se forje dentro del cristianismo, que aún así no es fácil) Ese mediador, que une y no separa, que provoca consenso y no guerra, que discierne lo bueno de lo malo, no es otro que la roca, firme y segura: Jesús.
Aquel pacto inicial tiende a convertirse en estatuto cada vez más robusto; siempre y cuando se analice cada situación, problema, evento, circunstancia desde la perspectiva de Jesús. El amor de pareja va tomando distintas apariencias con el paso de los años, pasando desde amor pasional a un amor de compañerismo y amistad sincera, tesituras que va desarrollando con el paso del tiempo, sin perder aquel primer amor. Eso ocurre cuando cada uno de los esposos persiste conscientemente en cuidar de su pareja.
El matrimonio conlleva un esfuerzo constante y tenaz, perseverante, insistente, firme, persistente, incesante y todo lo que nos de una idea de proseguir contra «viento y marea»… de los tales será escudo protector el Amor mutuo, y el andar ambos en INTEGRIDAD. Sino esos «viento y marea» serán destructores y el matrimonio sucumbirá ante el caos.
«Porque sol y escudo es Jehová Dios; Gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad.» [Salmos 84: 11]

