viernes 11/06/2021

Hola!

La recompensa.

X

En ocasiones, seguramente en más oportunidades de lo que debíamos, equivocamos dos cosas: castigo y corrección. Y eso trae como consecuencias que con frecuencia nos sentimos abrumados por los supuestos castigos que Dios está infringiéndonos.

Nuestra expectativa está errada, porque hacemos y deshacemos y esperamos que siempre y en toda circunstancia que concebimos nosotros mismos, el resultado sea según nos imaginamos, es decir a nuestro favor, para nuestra ganancia, o para nuestro lucro, sino es así… -¡Oh! que desgracia, Dios nos tiene manía… y no va a nuestro favor!

Inclusive, con aquellas ORACIONES, supuestamente no escuchadas… decimos: – ¡Dios no nos presta atención!

Pero en la Palabra todo está expuesto, todo… Dios va por delante y advierte: «Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.» [Santiago: 4: 3] Así, tal vez la cuestión no es que Dios no escucha, sino que vas contra su Voluntad en lo que anhelas.

La distinción entre castigo/corrección:

Castigo: Pena que se impone a quien ha cometido delito o falta.

Corrección: Advertir, amonestar, reprender a alguien. Consejo.

Lo que Dios exige, es una cosa, sólo una, y nosotros según estemos de humor, hacemos o deshacemos, y puede que no estemos firmes… pero Dios es fiel en sus promesas y Palabra. Para tener prosperidad, sólo una cosa exige Dios:

«Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad? [Deuteronomio 10: 12- 13]

No perdamos de vista que nuestra Alma, no es algo pasajero… algo que pasa y se desvanece, recuerda que es eterna… el Alma necesita atención, necesita cultivarse… el Alma tiene una naturaleza divina, e irá a uno u otro lugar, sólo dos posibilidades, como menciona el soneto:

No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

La identidad que te da Cristo es totalmente nueva, y es por Gracia, un regalo, no es contradictorio recibir ese regalo y esforzarse por cultivarlo.

«… poniendo toda diligencia …  añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.» [2ª Pedro 1: 5- 7]