jueves 10/06/2021

Hola!

La Recompensa.

IX

Sólo se evita la ofensa a Dios cuando de forma consciente y libre se pone en práctica aquello de amarle con todo tu corazón, toda tu alma, toda tu mente y todas tus fuerzas… [Marcos 12: 30- Deuteronomio 6: 4- 5]

No en balde la escritura menciona todas las áreas posibles en que se mueve un ser humano: emociones, sentimientos, personalidad, carácter, intelectualidad…

El corazón:

El principio de donde procede gran parte de la actividad humana. Para poder amar a Dios con el corazón es necesario buscar el conocimiento divino, el corazón es el centro de la sabiduría. Amarás a Dios con todo entendimiento y sabiduría revelada por medio de la palabra inspirada en Dios en nuestros corazones.

Cuando Salomón pidió sabiduría, así fue respondida su oración: “… he aquí que te he dado corazón sabio y entendido…” [1ª Reyes 12]

El alma:

De donde surgen todos los sentimientos, pasiones, afectos. Es el principio de la voluntad, el querer. El alma es el centro de la personalidad es decir nuestro ser, es colocar a Dios en el centro de tu ser.

La mente:

Pensar, razonar, inferir, capacidad cognitiva. Discernir que es lo bueno y lo malo.

“… ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza… No descuides el don que hay en ti.” [1ª Timoteo 4: 13- 14]

Las fuerzas:

Encausar tu vigor, energía y brío en la perseverancia de las cosas de Dios.

Cada «sector o área,» de la existencia de un cristiano ha de ser inundada de obediencia al principal mandamiento, es la forma que se debe asumir el amor a Jehová, que uno es. (Deuteronomio 6: 5; Mateo 22: 37; Marcos 12: 30; Lucas 10: 27).