Hola!
La recompensa
VIII
Hablemos de la ofensa.
Ofender: afrenta, agravio, injuria, insulto, menosprecio, oprobio, ultraje, burla. Ofender es ir en contra de lo que se tiene comúnmente por bueno, correcto, agradable. (*se refiere al Sentido Común)
Entonces si ofendes a Dios, se puede entender que le menosprecias, te burlas de su autoridad, y le agravias… ¿Te has detenido a pensar en esto alguna vez?
Si lo analizas sin prisas… es ir en contra del «Sentido Común de Dios,» [digamos así hasta entender qué es la Sabiduría Santa, absoluta y eterna de Dios] porque es a eso a lo que nos enfrentamos cuando no cumplimos aquel primer y principal mandamiento:
«Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.» [Marcos 12: 30] (lo repito, sí… ¡la repetición es la cuna del aprendizaje!)
¿Qué esperas de alguien que amas? Seguramente que sea reciproco contigo… ¿no? Pues entonces, ¿Será que Dios que te ha creado por amor, también lo único que espera de tí es sólo amor? No pierdas de vista que fuimos creados a su imagen y semejanza…
«Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza» [Génesis 1: 26a] Por lo que si nosotros, en nuestra humanidad pretendemos que según amamos nos amen, … que crees entonces que espera Dios de nosotros… pues igual.
Ahí tenemos la hipótesis, si amas esperas que te amen, no que te ofendan.
¿Y cómo se demuestra el Amor? Puede que con palabras bonitas, con amabilidad y consideración a la persona amada, ¡Ah! ¡ Muy bien!
Aunque en Palabras de Jesús, El Señor, descubrimos que es más:
«El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.» [Juan 14: 21]
Así las cosas… hablar bonito vale, ser amable vale y considerado vale también… pero para Dios, sólo le vale tener sus mandamientos y guardarlos.


Una respuesta a «miércoles 09/06/2021»
Qué bueno reflexionar sobre el amor y la ofensa, ofendemos a Dios al no guardar sus mandamientos, igual que esperamos que nuestros hijos nos demuestren su amor por la obediencia, así Dios espera amor de nosotros, demostrado a través de la acción de obedecerle. Seamos hacedores de la palabra y no solamente oidores.
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