lunes 07/06/2021

Hola!

La recompensa.

VI

En el sistema de recompensa del que habla la Biblia es distinto a todo lo que podamos hablar del tema si nos orientamos por los conocimientos psicológicos o pedagógicos que acumulamos en este mundo; si no lo crees lee la historia de Pablo, ya tenía en su haber mucho daño a los del Camino; sin embargo, Dios le llamó. Además lo que el Señor tenía dispuesto para Pablo, no era precisamente lo que llamamos hoy en día «irse al Caribe de paseo,» Ananías fue el intermediario para apoyar a Pablo y “El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste (Pablo), para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.[Hechos 9: 15- 16]

No iba a ser fácil para Pablo, no sería eso de “coser y cantar,” le costaría mucho, desde desprecios, huidas, tristezas, decepciones, penurias, luchas internas, cárcel y soledad. Nunca falló, ni desertó, sino que fue fiel hasta el fin, siendo líder entre los seguidores del Camino, alentándoles siempre aún desde situaciones personales duras, siendo ofrenda agradable delante de Dios, dejándonos a todos un legado en sus Epístolas, enriqueciendo el testimonio de creyentes a lo largo de la historia, tanto así que forman parte de los libros del Nuevo Testamento, por tanto inspirados por el Espíritu de Dios.

¿Qué sistema de recompensas estimulaban a Pablo? Evidentemente, lo dicho en el poema:

No me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.

A Pablo le movía un Amor incondicional y sin pre-juicios hacia Dios. Eso es lo que propone todo el recorrido de la Biblia, reconocer a Dios como Creador, amoroso y esplendido con sus hijos, y que sólo espera la retribución de un Amor en igual condición.

Es ese el camino excelente al que se refiere Pablo en la Epístola I de Corintios, capítulos 12 y 13:

«… El amor nunca deja de ser» [1ª Corintios 13: 8a]

Y las aflicciones o sea lo que sea que pasó Pablo… aún las experiencias buenas y dulces con los hermanos de la primera iglesia, todo ello hizo a Pablo afirmar:

«¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?» [Romanos 8: 35]

Aquí se exponen cosas terribles que en un sistema normal de recompensa humano… serían desechados, nos alejaríamos de forma rápida y sin pensar mucho ¿no?, pues no validan aquello de recompensa de satisfacción y placer…

Y revalida:

«Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.» [Romanos 8: 37]

Pablo hacía un análisis minucioso del por qué aún en situaciones de serias amenazas para la vida mantenía firme ese Amor incondicional:

«Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.» [Romanos 8: 38- 39]

Su ancla es Cristo Jesús, aquel que le llamó en el camino.