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IV
En muchos pasajes bíblicos, se menciona la posibilidad de recibir una recompensa (el galardón, la corona de vida) La intención generalmente es asegurar que habrá un reconocimiento a la fidelidad de aquellos que cumplen sus deberes para con Dios.
La tranquilidad que Pablo transmite, aún en situaciones difíciles, son palabras de aliento para sus seguidores:
“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” [2 Timoteo 4: 7- 8]
Tengamos en cuenta que Pablo tenía una vida centrada en obrar según sus preceptos religiosos… su misión la cumplía cabalmente: perseguir a los del Camino.
«Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba.» [Gálatas 1: 13]
Y luego, de su encuentro personal con Cristo (un encuentro abrupto, descrito en Hechos 9: 1- 31) su sistema de recompensas se trastornó. Pasó de obrar para obtener reconocimiento y remuneración por su trabajo, a perder todo prestigio y reconocimiento social. Dejó atrás todo aquello que le propiciaba cierta seguridad y placer en el día a día, para convertirse en un perseguido, dejó de desear la recompensa material de este mundo.
La experiencia de vida que hizo a Pablo cambiar radicalmente su postura debió ser lo suficiente convincente para que apartara de su mente sus antiguas convicciones, tanto así que su respuesta fue:
– Señor, ¿qué quieres que yo haga?
Pablo recibió al Espíritu Santo, fue bautizado e inmediatamente predicaba en las sinagogas a Cristo como hijo de Dios. Y quienes le escuchaban se preguntaban si él no era el mismo que perseguía y llevaba presos ante los principales sacerdotes a los que hablaban de Cristo.
Su vida corría peligro. Había perdido absolutamente todo aquello que le mantenía como superviviente exitoso.
Pablo se convirtió al 100%, sin aún esperar una recompensa. Fue inundado por el Amor de Dios. Y ese Amor cambió su perspectiva, el sistema de recompensas al que estaba adherido dejó de ser… y pasó a un plano superior, sus motivaciones dejaron de ser extrínsecas… comenzó a ser estimulado por motivaciones intrínsecas.
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

