Hola!
La recompensa.
I
Supongo que, en algún momento hayan escuchado o leído “Soneto a Cristo crucificado.” (*) Quien sea el autor ha sabido plasmar de manera exquisita lo que es el amor incondicional.
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévanme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Sobrecogedor y conmovedor. La frase: “Lo mismo que te quiero te quisiera” recoge en sí misma a lo que me quiero referir hoy, a lo contrario de obrar por ganancia de una recompensa.
Actuamos en general motivados por alguna cosa que vamos a ganar, a cambio de algo hacemos o deshacemos… es una forma primaria de actuación.
Pues sí, nuestro cerebro (cuando se estudia desde la mirada de lo psicológico y neuro-fisiológico) está diseñado para conservar la supervivencia. Muchas funciones se realizan de forma “automática,” como el control de la respiración, de los latidos cardíacos, la integración de información visual, auditiva, táctil, gustativa, etc. Es decir son procesos involuntarios.
Hay otra vertiente del funcionamiento encefálico, lo que aprendemos en el proceso de la vida como las experiencias que nos acercan a peligro de muerte; éstas provocan el aprendizaje de cómo evitarlas.
Por el contrario las experiencias placenteras, se desarrollan porque activan ciertos mecanismos de aprendizaje que “premian” esas acciones por encima de otras, el resultado es que aprendemos a diferenciar qué acciones son buenas y cuales no, para nuestra supervivencia.
Así que, es un sistema que funciona muy unido a las necesidades básicas: tienes sed- consigues agua- satisfacción (recompensa) Todo este sistema funciona por un circuito, que hablando de forma muy simplificada actúa en éste, de forma crucial un neurotransmisor denominado dopamina; y luego se conecta estrechamente con una región encefálica (frontal) relacionada con la generación de emociones, todo este proceso conllevará al aprendizaje de la conducta flexible y la toma de decisiones (en este nivel ya interviene la consciencia.)
De tal manera, que el sistema de recompensa de nuestro cerebro hace que logremos guiarnos hacia fuentes de motivación que asociamos a ciertas situaciones con una sensación de placer y no a cualquier otra cosa que nos aleje de la recompensa y que al aprender se hace consciente y nos permite ser libres para la toma de decisión.

(*) De la poesía mística en español de la segunda mitad del s. XVI. Anónimo. Aunque se atribuye la autoría al Doctor de la Iglesia san Juan de Ávila, o al agustino Miguel de Guevara, también a s.Teresa de Jesús.
