Hola!
Vida exitosa.
II
Si estás pendiente de obtener el resultado que deseas, (que tú deseas), lucharás contra viento y marea, (nunca mejor dicho: contra viento y marea) para logra esa auto-gratificación. ¿¡A que sí!?
Con asiduidad llegan todas esas frases de sugestión a nuestra mente, tan de moda: – Si te lo propones lo logras, – Si vives el sueño, seguro lo consigues, – Cree en ti mismo, que tu puedes, – Concentrate en la meta, – El que persevera, triunfa, etc.
(Que no digo que sean malas frases… son muy positivistas y alentadoras, sólo que me suenan un poco ficticias en muchas ocasiones)
He ahí que cada vez la meta será más alta, más engorrosa, porque así nos hace sentir ante los demás superior, y ante nosotros mismo más importantes, capaces y poderosos.
Dicho esto, aparecerán algunos problemillas:
. Dedicamos casi al 100% de nuestro tiempo y esfuerzo a la meta, sólo esperamos el momento del resultado. Dejamos de disfrutar el proceso,
. Un estrés sin fin, es un sin parar. Esfuerzo constante tratando de alcanzar siempre una nueva meta que representa ese éxito y que de alguna manera creemos, demuestra quienes somos.
. En juego la autoestima, ¿es baja o inflada? Hay una escalada peligrosa: Por un lado, siempre hay gente que tiene mucho más que nosotros (florece la envidia), por lo que nunca sentimos que es suficiente.
. Nos guiamos por lo que a otros les significa tener éxito, y a eso nos dedicamos, y seguramente no tiene nada que ver con nuestros reales propósitos, irremediablemente te convertirías en un insatisfecho perpetuo.
. Depresión solapada. Confundimos: éxito, riqueza material y felicidad. Tienes los dos primeros… y nunca te sientes feliz… ¡un hueco sin fin!
Entramos entonces en el ámbito del yo, del para mi, del por mi, y todo eso que nos bombardean constantemente, haciéndonos pensar: «soy el ombligo del mundo», o eso de: «de ti depende, y para ti mismo es» (No está muy alejado de la realidad, porque claro que depende de ti y mucho… [aunque la Biblia dice que con Cristo es mejor; Filipenses 4: 13, pues eres libre de tomar ésta o aquella dirección, ésta o aquella decisión… (ya que cuentas con el libre albedrio; 1 Pedro 2: 16)
Sin embargo: Eso de que lo importante es qué te hace feliz a ti mismo, lo que el éxito significa para ti mismo, y lo que a ti te hará feliz, hace que entren en escena esas recomendaciones o exhortación de los expertos de nuestros tiempos: “el objetivo y lo que tienes que hacer para lograrlo deben estar basados en tus propios gustos, valores, forma de ser, no en los demás, sólo en los tuyos, para poder mantener la motivación necesaria para alimentar tus esfuerzos y disciplinas.”
¿Qué opinas al respecto? Opino, que ciertamente es necesario y urgente estar claro en qué quiero y a dónde quiero llegar, (y no guiarme por el qué quiero o a dónde quieren llegar otras personas); estarás de acuerdo conmigo que la línea divisoria es bien fina, me refiero a la línea entre “yo soy el ombligo del mundo” y la línea «debería pensar en lo útil y beneficioso para los demás que sería poner en juego mi proyecto.» Si pierdes de vista lo más importante, previsiblemente, irán bien las cosas en apariencias, en la superficie, si hurgas en tu ser interior aun el vacío y el ansia por más será lo que prime.
¿Mi meta para ser exitoso será sólo eso que yo quiero, deseo y luego puede, pienso será beneficioso también para los demás o mi meta para ser exitoso es trabajar para y por aquello a lo que Dios me ha llamado?
«No os apartéis en pos de vanidades que no aprovechan ni libran, porque son vanidades.»[1ª Samuel 12: 21]

