Hola!
PRUEBA
II
Una historia:
Un hombre fue quebrantado de espíritu al sufrir un duro golpe familiar, que luego lo desequilibró en todas las áreas de su vida. Y decidió recorrer por un tiempo los campos, alejarse de su vida cotidiana de ciudad, buscando conseguir algo de alivio. Observó algunas cosas en la vida del campo.
Vió que un hombre revolvía sin parar el trigo con una gran pala.
— ¿Por qué no dejas de mover esos granos? — le preguntó.
— Para que no se pudran — fue la respuesta.
Pasando luego por otro lugar, vio a otro que araba la tierra con una reja muy aguda.
— ¿Por qué cortas tan profundo la tierra? — inquirió.
— Para que sea más blanda, y así se empape bien de lluvia y sol — respondió el campesino.
Mientras pasaba por un viñedo, observó que un obrero cortaba, con tijeras, los sarmientos.
— Amigo — preguntó —, ¿por qué cortas esos sarmientos?
— Para que den una cosecha buena y abundante — contestó el obrero.
El hombre se percató que Dios permitió que todo aquello le sucediera, realmente para sanarlo y se volviera nuevamente a Dios, para que como el grano de trigo movido no se corrompiera, que igual que la tierra arada se ablandara su corazón y quebrado su orgullo reconociera nuevamente a Dios como su Señor; y como al sarmiento necesitaba ser podado para dar mejores frutos.
Tal vez, estás pensando… a mí que soy fiel, a mí que persevero en la fe, a mí no me hace falta ni que como al grano de trigo remuevan, ni que aren mi corazón como a la tierra, y menos que me corten e hieran como los sarmientos porque mis frutos son buenos… ¿por qué Dios va a permitir que pase por PRUEBA yo?
Ah, si esto piensas… déjame decirte que precisamente las PRUEBAS serán el medio para verificar que eso que piensas de ti es cierto. Luego entonces en paz podrás como el Salmista expresar:
“Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche; Me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste; He resuelto que mi boca no haga transgresión”. (Salmos 17: 3)
Y en vez de huir de la PRUEBA, estarás conforme y satisfecho diciendo:
“Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado; He confiado asimismo en Jehová sin titubear. Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón.” (Salmo 26:1-2)
“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.” (Salmos 139: 23- 24)
Y esto lo expresa el Salmista porque de nada vale que tú mires hacia tu interior, mejor es que mires hacia tu CREADOR, tu alfarero… aquel que conoce ciertamente y enteramente tu corazón, y permitas que haga su obra en ti. (“Porque el Dios justo prueba la mente y el corazón.” Salmos 7: 9b)

