martes 20/04/2021

Hola!

II

¿Qué es compromiso?

Veamos cuán juntas van de la mano el compromiso y la fidelidad

Me imagino que ya supones por donde va esta corta revisión del término COMPROMISO.

Es tan sabrosamente satisfactorio y de regocijo que alguien en tu vida siempre cumple para contigo su responsabilidad adquirida mediante un compromiso…

– ¡Ah! Si que es bueno.

¿Y qué haces muchas veces al respecto? Te quedas tranquilo, te dices: … – ¡Ay! Que bueno cuánto me ama, cuánto me considera, nunca dice que no a cubrir mis necesidades y siempre está ahí para mí. [Así el compromiso no tiene desempeño por parte de uno de los comprometidos… no es recíproco, porque cómodamente adoptamos la posición de un «desvalido…» me deben cuidar, mimar, adoptar, suplir lo que quiero o necesito… y yo qué: sencillamente, estaré recibiendo sin dar. ¿Tú eres el que toma ésta cómoda postura, o la toman respecto a tí? ]

Es clásico en la relación madre /hijo. Una madre siempre está ahí. Un Padre, también siempre está ahí. Pero al contrario, ¿un hijo… siempre está ahí? (En este caso, también las excepciones confirman la regla)

Otras relaciones, por ejemplo la de esposos, puede que ambos intencionalmente cumplen con ese compromiso adquirido el día de celebrar el Matrimonio. Pero, y si uno de los dos falla en ese compromiso… cuánta frustración y dolor causará en el otro/a.

Si Llevo el caso al ejemplo de la relación de COMPROMISO hijo-a / Dios… ¿Cuánto entregas tú a Dios… y cuánto Dios te da a tí, teniendo en cuanta el PACTO – COMPROMISO entre Dios y sus hijos? ¿La fidelidad es mutua o más frecuentemente sólo EL Señor es fiel?

Ubiquémonos ahora en esos compromisos especiales que adquirimos al formar parte de una comunidad como es la Iglesia.

Ese PACTO – COMPROMISO tiene dos sentidos como todos los demás ejemplos: Dios/ Iglesia e Iglesia/ Dios. ¿Se cumplimenta siempre en ambas direcciones el compromiso adquirido?

¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” [Lucas 6: 46]

La relación de COMPROMISO miembros/ miembros… (cada miembro con un don)… ¿hay siempre reciprocidad entre los miembros en el compromiso adquirido al formar parte de un mismo CUERPO, cuya cabeza es CRISTO?

Tengamos en cuenta que somos apoyo unos de otros, responsables del crecimiento de los demás a través del amor, todos articulados ayudándonos a mantenernos en pie, a mantenernos en el camino, siendo cada uno fiel en su capacidad, don, en su actividad para edificación de todo el conjunto.

“… sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” [Efesios 4: 15- 16]