viernes 26/02/2021

Hola!

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De muchas maneras se expresó Jesús, pocos le comprendieron, muchos le traicionaron, y le siguieron los convencidos de su Verdad. Usaba palabras duras y palabras de aliento. Tocó cada esfera en la vida de las personas y enseñó cómo enfrentar al mal.

Cada una de sus exposiciones eran irrebatibles. Se preguntaban los fariseos, los maestros de la ley y la gente común con qué autoridad hablaba ese nazareno, y le seguían pero no muchos reconocían su Poder, aún con denuedo y brío intentaba abrir los oídos y los ojos, pero muchos eran totalmente ciegos y sordos a la Verdad, tanto así que le condenaron.

Su personalidad es fascinante, cercano a los más desposeídos y enfermos o segregados de aquella sociedad; despertando confianza en ellos. Audaz con los que le criticaban y enjuiciaban. Solícito con los necesitados. Manifiesta de manera clara su Señorío y Libertad, tanto que puede lucir a la vista de hoy arrogante, pero sólo decía verdad, es el Hijo de Dios, el Verbo hecho carne y sobre todo Él conoce al Padre y el Padre le conoce a Él. En momentos cruciales estaba en soledad y silencio. Obediente al Padre e indócil con el engañador.

Su Palabra cautivaba a todos los de aquel momento que le vieron de frente y a los de hoy que leemos su Evangelio. Lamentablemente muchos no le creyeron ni ayer ni hoy. Siempre brillante en sus exposiciones, escandaliza a unos y a otros les enfrenta a su verdad.

«Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.
Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.
Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.»
[Juan 6: 35- 38]

Hay otra aseveración a tener en cuenta: «Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.» [Juan 6: 40]

Y Jesús reafirma con ese lenguaje directo y sin tapujos ni rodeos:

«De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.» [Juan 6: 47]