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VIII
Concluimos que el dolor y la enfermedad son fenómenos vivenciales, al ser en muchos sentidos parte de nuestra subjetividad, son de difícil comprensión. El enfermo preso de su dolor y mal sentir, sintiéndose incapaz, a veces hasta de comunicar que siente en su cuerpo o mente.
Si lo leemos en otra perspectiva: entonces el sufrir es un elemento transformador en la vida. ¿Qué sucede en la medicina científica moderna? Pues que hace meramente hincapié, en la mayoría de los casos, desde el punto fisiológico a todo lo tocante a dolor, perdiéndose otras dimensiones: la psíquica, la espiritual, la esfera relacional y la esfera de la identidad. (Si no se es cuidadoso en estos aspectos cosificamos al enfermo, y a su dignidad como ser humano, también la convertimos en una «cosa secundaria.»)
Hay quien describe al dolor, ya sea leve o fuerte, como una crisis, una ruptura, por eso resulta en ocasiones tan incompresible y genera rechazo, no debería ser lo cotidiano, ni lo usual estar en un estado de dolor. Causa tristeza, pesadumbre y la persona desde un estado ansioso se pregunta: ¿Por qué a mí? ¿Por qué en este momento? ¿Por qué yo tengo que sufrir así? Por eso la distinción entre dolor y sufrimiento es valiosa porque el dolor hace referencia a la dimensión física y el sufrimiento se refiere a la percepción y vivencia de ese dolor. Una misma causa, provoca dolor distinto en cada persona, pues lo que las distingue no es el dolor mismo, sino el impacto que produce en su identidad y en su integridad, fenómenos que son individuales
y subjetivos.
La comprensión global del fenómeno de la dolencia conlleva necesariamente un abordaje integral del acto
curativo. Vemos que se trata de un punto de encuentro en que la enfermedad descrita por el profesional de la salud y la enfermedad vivida en primera persona por el paciente sean evaluadas de forma común. Y cuando la relación médico – paciente es entre dos personas, es decir una relación muy humana, cuidar se considerará tan importante como curar. *
Siempre el profesional sanitario debe estar a la altura de evaluar antes que nada, no al dolor en sí, sino a la persona que sufre y por tanto buscar el modo de ayudarle y no de poner termino a su estado, sucumbiendo a la idea de que la muerte provocada resultaría en beneficio del doliente.
*Apuntes y lectura de Cuadernos de Bioética. El dolor y la enfermedad como transformación. Isabel Morales Benito. 2018

