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III
El final de la Vida. Toquemos ahora el problema de la muerte. En la vida cristiana el concepto de la muerte es distinto al concepto en otras culturas sociales. Para el cristiano la muerte es inseparable a la verdad de la resurrección; lo que permite tener una óptica totalmente opuesta a lo que pensaría alguien no cristiano, o ateo.
«Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él.» [Romanos 6: 8- 9]
Y considerando que la dignidad de la persona es desde el Inicio hasta el Final (la muerte), podremos identificar situaciones en que parece que alguien se acerca a su final de manera no digna, tal vez porque está enfermo, porque padece dolor, porque no está en estado consciente, o está incapacitado de ejecutar funciones físicas y mentales habituales… y todo ello nos hace dudar: ¿debe morir ya… para que no sufra más? O para no ser una carga? O para que no sufra quienes le rodean? No perdamos de vista que la vida propia y ajena, es un valor y un don, por esto podemos ser administradores del tal don… no «señor absoluto» para decisiones equívocas. «A solo Dios pertenece el juicio de la muerte y de la vida…» (S. Tomás)
Veamos la definición científica de muerte: La muerte implica que el organismo ha sucumbido como unidad funcional, y no, en cambio, que todo el organismo y sus células están muertos en sentido estrictamente biológico.
«Una persona está muerta cuando ha sufrido una pérdida total e irreversible de la capacidad para integrar y coordinar todas las funciones del cuerpo ( físicas y mentales) en una unidad funcional.»
Estas consideraciones son las que nos llevan a poner en tela de juicio la Eutanasia y el Ensañamiento terapéutico, en la actualidad. Ambos extremos del límite entre la vida y la muerte. Eutanasia, es hacer posible que alguien muera, es decir, clínicamente se provoca deliberadamente la muerte del paciente, de forma directa (administrando una solución letal) o indirecta (por omisión de soporte básico). [Generalmente previo consentimiento del propio paciente o sus familiares o representante legal]. En cuanto al ensañamiento terapéutico, es la práctica médica basada en aplicar métodos extraordinarios y desproporcionados de soporte vital en enfermos que se encuentran en estadío terminal, no proporcionando beneficio alguno.
¿Cuándo comienza la confusión? Cuando se equipara el “derecho a morir con dignidad” con el «derecho a la eutanasia.» Lo que ni es lo mismo, ni uno implica lo otro. Por el contrario, podremos mencionar el derecho a la medicina paliativa, para morir sin dolor ni sufrimientos.

