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III
La cuarta pista, para alcanzar santidad… es una carrera, sin prisas pero sin pausas, es decir en constancia y perseverancia, levantarse luego de una caída, descansar si es necesario y reiniciar.
Sin prisas porque las prisas llevan a dejar inconclusas muchas cosas, por ejemplo, si leemos un capítulo de la Biblia, nos llevamos la idea en general, pero si leemos con cautela versículo por versículo… sea que en vez de 1 hora sean 3 días… seguramente la Palabra penetrará como lo que es, una espada de dos filos, y romperá aquello que debe ser quebrado. «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.» [Hebreos 4: 12]
Sin pausas, cada momento es una oportunidad para hacer el bien: una palabra buena, un pensamiento positivo, un consejo, un silencio, un servicio… pequeño grano de arena más pequeño grano de arena, pueden formar una montaña. «No te niegues a hacer el bien a quien es debido, Cuando tuvieres poder para hacerlo.» [Proverbios 3: 27]
La constancia y la perseverancia van de la mano. Hoy toca pensar y orar, pero mañana no tengo ganas… ahí termina la constancia y su compañera. «Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo.» [1ª Tesalonicenses 1: 3]
Levantarse, esto es un arduo esfuerzo, y lo peor es que sucede con frecuencia. Las caídas deben mostrarnos que por supuesto no somos infalibles, y que de nosotros mismo no viene la ayuda; la ayuda y la fortaleza viene de Dios. «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.» [Salmos 46: 1]
Cansancio, entumecimiento, presentes también en la «carrera,» tienen alivio, siempre en Él. «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.» [Mateo 11: 28] Anhelar un poco de descanso no es descabellado, es justo lo que el Señor ofrece cuando estamos agotados, extenuados y a punto de que se debilite la fe.
Reiniciar, es un nuevo punto de partida, el clásico está descrito en la parábola del hijo pródigo. «… porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.» [Lucas 15: 24].

