viernes 08/01/2021

Hola!

V

La suprema autoridad en la Biblia, evidentemente es de Jesús. «Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribasY todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?» [Marcos 1: 22, 27]

La distinción que hicieron aquellos que oían a Jesús entre él y los escribas es lo que aporta integridad a lo que decía y hacía Jesús. ¿Qué fallo cometían los escribas, que hacían validar la actitud de Jesús? El propio Jesús nos ilustra: «Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas, que gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;
que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones.»
[Marcos 12: 38- 39]

Vamos acercándonos al punto álgido, una cosa es SER y por tanto ser una Autoridad y otra cosa es APARENTAR. Si hay alguien que disfruta la admiración de todos, viste ropas llamativas, cumple en exceso con normas y reglamentaciones poco funcionales, tiene una religiosidad adornada, va directo a los primeros puestos, y hace ver que es «perfeccionista o perfecto…» y de contra… es mejor hacer lo que dice y no lo que hace… porque lo que hace no es lo que se esperaría que hiciera, podemos estar hablando de un «escriba, faríseo»… a alguien así, llamaríamos hipócrita. Alguien así no tiene autoridad aunque lo parezca.

¿De qué va la autoridad de Jesús? De que es Dios.

«Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.» [Lucas 10: 22]

Y con esa autoridad verdadera anuncia: «Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» [Juan 3: 13- 15]