martes 05/01/2021

Hola!

II

Si estáis de acuerdo conmigo en ese punto, entonces deberíamos siempre documentarnos mejor antes de seguir ciegamente alguna opinión o juicio que alguien emita de manera coloquial y con capacidad de convencimiento, sea de lo que sea que se trate el asunto… ¡sin antes cerciorarnos, aseguramos o que podamos certificar, atestiguar, corroborar, ratificar qué competencias tiene el que da opinión para que creamos que tiene autoridad en el tal asunto!

De manera gráfica, alguien demuestra ser especialista en una materia y se hace valedero, no sólo por titulación o estudios, también en su haber diario demuestra que le respalda un conocimiento y fundamento verdadero. Esto es lo que hay que tener en cuenta a la hora de «tragarnos» cada «píldora» que llega a nuestros ojos y oídos.

Llegados a este punto… podemos también encontrarnos con autoridades, que no cumplen cabalmente con su cometido: tienen el poder y la potestad… pero no se comportan como debían… lo cual les despretigia, un ejemplo bíblico:

«Aconteció que habiendo Samuel envejecido, puso a sus hijos por jueces sobre Israel.
Y el nombre de su hijo primogénito fue Joel, y el nombre del segundo, Abías; y eran jueces en Beerseba.
Pero no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho.»
[1ª Samuel 8: 1- 3]

Y todo esto trajo serias consecuencias. Lo que me lleva a pensar que cuando alguien no ejerce correctamente la autoridad que le es dada… las consecuencias, muy posiblemente, serán graves. Y lo que toca entonces al que ejerce autoridad: es hacer lo mejor que corresponde y será reconocido por sus seguidores o adeptos o admiradores o simpatizante y les hará bien. De ahí que hay una responsabilidad muy pesada sobre los hombros de aquellos que deben ejercer autoridad, de cualquiera que se trate.