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II
Entonces, la Navidad sí es una fiesta cristiana, es un motivo para rememorar el regalo del Mesías prometido. Los profetas anunciaron desde mucho tiempo antes que llegaría aquel que salvaría al pueblo de Israel en carne y huesos, un hombre que salvaría a su pueblo. [lee Isaías 40- 11, Isaías 53: 11, Juan 1: 29]
Para los cristianos no hay duda que aquel nacido de una virgen, estirpe de David, crecido como aprendíz de carpintero, Maestro de los doce, seguido por multitudes, crucificado y resucitado, es el Hijo de Dios y todo ello es lo que rememoramos durante la festividad de la Navidad, porque en su nacimiento se cumple la promesa, y la Natividad constituye el inicio de un nuevo Tiempo, el Mesías entre nosotros, Enmanuel. «Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.» [Isaías 7: 14]
El Adviento, es el período en que se prepara dicha fiesta, El Adviento (en latín: adventus Redemptoris, ‘venida del Redentor’) consiste en un tiempo de preparación espiritual para la celebración del nacimiento de Cristo Su duración suele ser de 22 a 28 días, dado que lo integran necesariamente los cuatro domingos más próximos a la festividad de la Natividad, el primer domingo de Adviento marca el inicio de la Temporada Navideña.
Estas semanas son cruciales, para meditar sobre qué esperas, qué buscas, o qué perspectiva tienes de la Navidad. Deseas derroche de alegría? Esperas regalos en abundancia? La perspectiva de pasar tiempo con la familia más cercana es tu anhelo? Pueden que sean todas válidas. Nuestra cultura social nos lleva a aspirar que eso sean éstas fechas, y repito, es válido. ¿Y más allá?… más allá de la reunión de amigos y familiares, cenar juntos, compartir un tiempo de celebración, gala y diversión… ¿Qué más es la navidad?¿Eso todo?
¿Qué haces en la temporada de Adviento? No es centrarse en cómo vestirnos de gala, cuántos podremos reunirnos, dónde la pasamos, qué cenaremos, qué compramos para regalar y qué bebida tomaremos… la preparación es íntima y personal, la preparación es espiritual, es asegurarte que puedes admitir al Salvador en tu corazón.

