Hola!
¿En qué concentrarnos? Digo pues, si no me conviene perder mi tiempo en cosas no provechosas… ¿Qué hago yo para no ser tan rutinario/a, dogmático/a, conservador/a y aburrido/a? Una buena pregunta. Porque es lícito y edificante distraerse, reír, compartir, festejar, por supuesto que es provechoso igualmente entretenerse y recrearse en las cosas bellas de este mundo, sea naturaleza, arte (literatura, danza, música, pintura, cine, etc.) deportes, paseos por la ciudad, por la playa o la montaña, y todo aquello que nos dé complacencia sana: «Porque del Señor es la tierra y su plenitud.»[1ª Corintios 10: 26]
Concentrarnos en que todo lo que nos proponemos hacer sea útil y provechoso, además de placentero, a veces no es tan fácil… hay una norma a tener en cuenta:
«Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos.» [Salmos 32: 8]
Tenemos una escuela, un ejemplo, un camino por el que se aprende a andar si observamos a Aquel que nos libera de toda pesadumbre: «Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.» [Mateo 11: 29]
Porque a veces somos ciegos, no vemos más allá de nuestras narices, y nos autoengañamos diciéndonos – No pasa nada si participamos de esto o lo otro, porque somos firmes y fuertes en el Espíritu Santo… pero no es inteligente tantear una tentación. Hay que pedir ese tipo de sabiduría para aprender a ver lo que más nos conviene y edifica en nuestro caminar: «Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo.» [Juan 9: 15b] Y poder considerar qué es provechoso y que no, «Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.» [Juan 9: 25b] Y me refiero justamente a la capacidad que se va adquiriendo con el conocimiento de la Palabra, en su magnífico sentido común, como se aprende a disfrutar de todo lo que no es perder tiempo, lo que es improductivo, sino a disfrutar de la tierra y su plenitud.

