sábado 24/10/2020

Hola!

Algo más, La casa de Dios será llamada Casa de Oración.

«… yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.» [Isaías 56: 7]

Esto es un principio que no podemos perder de vista. La casa del Señor, la edificación terrenal donde se reunen los hermanos, es casa de oración; más aún, el lugar en nosotros donde habita el Espíritu Santo es casa de oración, porque cada uno es iglesia, cada uno es ladrillo que conforma el edificio de la IGLESIA, que se asienta sobre la Roca perfecta, Jesús.

Y (Jesús) les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. [Mateo 21: 13, Marcos 11: 17, Lucas 19: 46] El cuidado hay que tenerlo prestando atención a cuál cosa o idea, o pensamiento o sentimiento, o palabra o hecho dejamos que esté ocupando la casa de oración, sustituyendo o demoliendo el verdadero sentido y propósito de la casa del Señor: nuestro Corazón y el lugar donde se rindará culto al Dios creador. Y así tambíen, por supuesto, el edificio material debe ser preservado de «mercaderes y mercadeo.»

Por eso echó fuera a los mercaderes, porque abusaban y se redogueaban con las ganancias materiales que obtenían en la venta de objetos para sacrificio, usando el Templo como mercado, en vez de estar atentos al honor que representaba estar en el Templo. El Templo material que será restaurado en su día, ese es el centro (… para todas las naciones), aunque en este punto, podemos declarar sobre el Templo en nuestro interior y el Templo que conformamos al ser Iglesia todos los hijos de Dios, y que para otros se representa con el lugar donde presentamos Oración al Trono de la gracia, un lugar a vista de la sociedad que debe siempre expresar buen testimonio.

El objetivo es el respeto, la reverencia, la obediencia y el Amor, el buen testimonio que deben primar en la Casa de Oración. No admitir que se convierta en cueva de ladrones. La diferenciación sabia es reconocer, «Qué o a Quién» dejamos entrar en nuestra «casa» porque «El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir …» [Juan 10: 10a]