Hola!
Al orar esperamos que nuestra oración sea escuchada, y esperamos que en poco tiempo cambie a favor de nuestro ruego la causa de esa oración de petición.
Bien, ya hemos hablado sobre este asunto, sabemos que Dios escucha, y hace la obra según su Santa voluntad inequívoca. A nosotros llega en ocaciones la duda, si realmente nuestras oraciones hacen que cambie aquello por lo que oramos,… he aquí donde debemos detenernos. Por esto la Palabra recomienda, que insistamos aunque sin vanas repeticiones… y entonces sucede algo: la perseverancia; en este punto se hace claro cuál es nuestro papel: orar en fe. Dios actúa justo en el momento preciso y sobre lo que realmente es conveniente cambiar, ¡no todo lo que pedimos es lo justo ni conveniente, aunque nos lo parezca!
Y de lo que me gustaría hablar teniendo en cuenta la introducción anterior, es: ¿Qué cambia la oración? Estamos a la expectativa de que lo que pedimos hará que cambie «eso»… y al estar pendientes, orando fervientemente, en fe, constantemente… lo que ha sucedido es que ¡hemos cambiado nosotros! Sí, la oración nos cambia, es lo primero que acontece, estar al pie del Trono de Gracia, buscando la Presencia del Señor, eso es un cambio en nosotros.
Se propicia la transformación en nuestros corazones, la oración es una escuela, nos educa en las enseñanzas del Señor, provoca que nosotros nos acerquemos a Él, ya eso es muy suficiente… aunque luego tengas o no confirmación de tu petición en el tiempo que deseas, porque sólo vemos un poquito del todo, aunque la respuesta de Dios sea «lenta» para nuestro propósito individual, resulta que ya antes que veamos el testimonio de la respuesta a tu oración … primero, hay cambio en nosotros , en ti, en cada uno, por acercarnos a Él. Nos hacemos partícipe de la bondad de Dios. Esta es la primera bendición: Tú cambias cuando oras. Yo cambio cuando oro. Cada uno cambia en la oración.

