Hola!
Continuaremos hablando sobre la Oración, porque es la columna vertebral en la vida de un cristiano y por tanto la estructura que sostiene el actuar de la Iglesia.
Con las preguntas que hemos ido formulando: el por qué, el cómo, a quién, vamos elaborando un engranaje que va articulando el orar, aunque hay detalles a tener en cuenta aún: ¿Qué orar? ¿Cuándo? ¿Por quién orar? ¿Con qué actitud?
Hablamos de peticiones, súplicas, ruegos, y enseguida todos nos identificamos con este tipo de oración, es lo que con más frecuencia tenemos presente a la hora de presentar oración, ¿Y?… pues no es que sea incorrecto, creo que no, sin embargo sabemos que Dios está en control y que conoce nuestros corazones, y si… ¡¿primeramente rogamos porque sea aunmentada nuestra fe, seamos ricos en sabiduría y paciencia?! Estas serian bendiciones que nos ayudarían a sobre pasar toda prueba, toda angustía y cualquier necesidad, la razón es que la fe no cambia las circunstancias, si nos cambia la perpectiva que tenemos de la situación que nos causa preocupación, sufrimiento o desesperanza, trastocando nuestra pesadumbre en una paz que sobrepasa el entendimiento humano. La sabiduría te hará procurar andar en concordancia con la voluntad de Dios, lo que libra del mal. La paciencia te dejará ver la compasión y misericordia del Señor. [Santiago 5: 11]
¿Qué pidió el rey Salomon? Sabiduría, sí; él temía no poder con lo que le tocó hacer: gobernar un pueblo numeroso como el plovo. No era fácil tarea. Y pidió bien, tanto que no solo recibió sabiduría y ciencia, también todo lo demás en abundancia. «Dame ahora sabiduría y ciencia, para presentarme delante de este pueblo; porque, quién podrá gobernar a este tu pueblo tan grande? Y dijo Dios a Salomón: por cuanto hubo esto en tu corazón, y no pediste riquezas, bienes o gloria, ni la vida de los que te quieren mal, ni pediste muchos días, sino que has pedido para ti sabiduría y ciencia para gobernar a mi pueblo, sobre el cual te he puesto por rey, sabiduría y ciencia te son dadas; y también te daré riquezas, bienes y gloria, como nunca tuvieron los reyes que han sido antes de ti, ni tendrán los que vengan después de ti.» [2ª Crónicas 1: 10- 12].

