sábado 26/09/2020

Hola!

El pueblo judío en el reino de Asura. Vivían esparcidos por todas las provincias, y se da a conocer que tenían bienes. Y por la intervención de Mardoqueo y Ester ante el rey Asuero fueron librados de gran tribulación.

Cuando Ester pide ayuno y oración mediante Mardoqueo al pueblo, para ser fortalecida ante lo que debía hacer, todos a una se dedican a esto. Y ven los frutos.

No solo es derogado el edicto por el cual debían ser exterminado el pueblo judío y quedan ilesos de la maldad de Amán, sino que destruyen a sus enemigos; porque el mismo día que sus enemigos pensaban enseñorearse de ellos, sucedió lo contrario, porque los judíos se enseñorearon de quienes los aborrecían. [Ester 9] Ya que Mardoqueo fue engrandecido en la casa de Asuero, todos los príncipes de las provincias, los sápratas, capitanes y oficiales del rey, apoyaban a los judíos pues todos temían a Mardoqueo. Y los judíos exterminaron a todos sus enemigos, no tocaron ninguno de sus bienes, de manera que lucharon por defenderse no para enriquecerse.

La tristeza se trocó en alegría y el luto en festividad para el pueblo judío en el reino de Asuero, y por esto es declarada por Mardoqueo la fiesta de Purim, llamada así por el nombre de Pur, (que significa suerte, porción) para celebrar durante los días decimocuarto y demoquinto del mes de Adar de cada año, el día que los judíos estuvieron en paz con sus enemigos.

¿Qué nos enseña la actitud del pueblo judío que vivía en el reino de Asuero?

Se reunían, ayunaban y oraban sin cesar durante esos tres días previos al accionar de Ester. Y vieron la tristeza cambiada a alegría. Tuvieron luz y alegría, gozo y honra. Y creció y se fortaleció su pueblo.

«Si tu pueblo saliere en batalla contra sus enemigos por el camino que tú les mandes, y oraren a Jehová con el rostro hacia la ciudad que tú elegiste, y hacia la casa que yo edifiqué a tu nombre, tú oirás en los cielos su oración y su súplica, y les harás justicia.» [1ª Reyes 8: 44- 45]