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Ana, la madre de Samuel. Ana era amada por su esposo Elcana, aunque no tenía hijos. Sin embargo, Penina la otra mujer de Elcana sí tenía varios hijos, y esta circunstancia la animaba a irritar a Ana, lo que provocaba enojo y tristeza en ella. Cada vez que llegaba la época de hacer sacrificios a Jehová, Ana se sentía humillada, lloraba y no comía; su marido se preocupaba por ello.
Ana, después de varios años, en una ocasión, desconsolada y con amargura en su alma, oró fervientemente a Jehová diciendo: «Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.» [1ª Samuel 1: 11].
El profeta Elí la observaba mientras ella oraba de forma silenciosa, solo moviendo sus labios, le llamó la atención y hasta llegó a pensar que la mujer estaba ebría, luego ella aclaró su situación exponiendo la magnitud de sus congojas. Y Elí la bendijo. Ana dejó de estar triste.
Ana concibió. Al tiempo que corresponde dió a luz un niño, y le dió por nombre Samuel (significa, por cuanto se lo pedí a Jehová). Cumplió el voto que hizo a Jehová, y luego del destete lo presentó en el Templo: … «Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová.» [1ª Samuel 1: 26- 28]. Y el niño se quedó para servir a Jehová junto al sacerdore Elí.
Y Ana adoró allí a Jehová y su oración de acción de gracias es conmovedora. (Lee 1ª Samuel 2: 1- 10)
¿Qué enseñanzas nos trae la vida de Ana, la madre de Samuel?
Ana sólo se menciona en este pasaje. ¿Fue solamente el instrumento para que naciera Samuel? Su hijo Samuel cumplió el cometido de profeta y juez sobre Israel. Ana llevó años de sufrimiento hasta que se percató que en Dios está la vida, y que su deseo de tener hijos no dependía de su propio plan, sino del plan creador de Dios, y al final su plan lo puso a los pies de su Salvador. Cuando Ana se rindió a Dios, Ana recibió la bendición. Muchas veces… muchas, dejamos pasar la oportunidad de hacer a Dios partícipe de nuestros planes, angustías y deseos. Cuando no colocamos delante de Él cada «objetivo» la oportunidad se convierte en pérdida, pueden pasar años en un «bucle» algo que se convertirá en bendición al rendirnos a Él.
La fe de Ana en Jehová de los ejércitos produjo fruto. Tuvo un hijo. ¡Y luego, hizo algo impensable! Dedicó su hijo a Dios en verdad y totalmente, se despojó de todo egoísmo, de todo orgullo y mantuvo firme su voto. Hay que ser muy valiente para luego de obtener la bendición deseada dedicarla a Dios.
¡Pienso que Ana debió de sentirse tan agradecida porque Samuel llegó a ser un personaje que sobresalía de la media de los de su generación! Samuel inicia la serie de los grandes profetas de Israel y en su haber está el ungimiento de los dos primeros reyes: Saúl y David.

