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La viuda de Sarepta. Esta mujer no espontaneamente fue que recibió al profeta Elías. Sino que Elías supo que debía ir a donde ella. Todo indica que la situación de la mujer era complicada, muy poco tenía para dar de comer a su hijo y así se lo hizo saber a Elías.
Total, que Elías la convenció para que le diera de comer y ella comprobó luego, que su obediencia dió frutos. Fue abundante el pan desde entonces. Obedeció. Sin embargo, cuando su hijo pierde el aliento, ella en su dolor recrimina al profeta, le dice que si él había venido a castigarle por sus pecados. Elías tomó al niño, oró y volvió el alma al cuerpo del pequeño. Evidentemente esta mujer dudaba del poder de Dios, dudaba de Elías, aunque parece que sí creía en Jehová, pero sin total conversión. Era una pecadora lo admite ante Elías.
Un evento de tal magnitud como la muerte y resurreción de su hijo, la hizo reconocer la verdad, «Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca.» [1ª Reyes 17: 24]
¿Qué enseñanzas guarda esta historia sobre la vida de la viuda de Sarepta?
La mujer embuída en su desgracia temía que al compartir lo poco que tenía de comer con Elías todo acabaría, pues había gran sequía y escaseaban los alimentos. Estaba concentrada en sí misma y su hijo, sus circunstancias la mantenía ofuscada, temerosa de que pasaría algo malo y estaba alejada de Dios.
Esta vivencia es un reflejo claro de la misericordia de Dios, que se revela cada día. Hay personas que lucen imposible que lleguen a rendirse ante Dios, y al ocurrir acontecimientos inexplicables llegan al reconocimiento en humildad de que la Palabra de Jehová es Verdad. Y en cuanto a sus hijos, Dios cumple su promesa siempre, envía provisión, cuida de sus hijos. Estuvo por alrededor de tres años Elías allí y no faltó provisión a pesar de la sequía.

