Hola!
La sunamita. Muchos tuvieron relación directa con el profeta Eliseo. Una mujer, la llamada sunamita, tuvo un especial vínculo. Ella vivía en Sunem, y al parecer era de alto rango social. Vivía con su marido y no le faltaba de nada.
Sintió en su corazón el invitar al profeta Eliseo a comer, y después quiso que cada vez que estuviera por la zona se hospedara en su casa, porque reconoció en él a un santo hombre. Con el consentimiento de su marido hizo construir una habitación para él. Eliseo se sorprendería de manera agradable de la bondad de la mujer y le tomó en consideración su hospitalidad; así que le comentó a su criado que le gustaría darle alguna bendición. Más sin embargo la sunamita, no pidió nada, estaba agradecida a Dios de como vivía y de lo que tenía. Fue humilde.
Aún así Eliseo quería premiar su actitud, y al averiguar que no tenía descendencia (algo que señalaba a las mujeres de manera negativa en ese entonces), decidió que esa sería la bendición: un hijo. Sorprendida y temerosa que fuese una burla, aún la mujer fue receptiva. A la vuelta de 1 año tendría en sus brazos a su bebe, a pesar de la vejez de su marido y la no intencionalidad de ella de ser madre se cumplió la profecía.
Nació el niño, creció un poco, enfermó y murió. Que desilución! Dolor y desesperación sentiría la mujer, que nunca se quejó por no tener hijos, y luego que le dan la bendición de un hijo de igual manera se la retiran! Pero, ella confió y no perdió tiempo, ni quejandose ni maldiciendo. Fue decidida y en fe fue al encuentro del profeta, ni siquiera le dijo al sirviente de Eliseo qué sucedia, necesitaba hablar directamente con el profeta, sin intermediario, sin pérdida de tiempo; exigió una nueva bendición de forma insistente! Eliseo fue instrumento para el milagro de la vuelta a la vida del niño. Y cuando le entregó nuevamente el hijo a la sunamita, ella fue agradecida, tanto que se postró en tierra en actitud de adoración antes de abrazar al pequeño. [Lee 2ª Reyes 4: 8- 37]
¿Qué enseñanzas guarda esta historia de la vida de la sunamita?
La piedad, hospitalidad y humildad caracterizaron a esta mujer. Dió sin pedir nada a cambio. Reconoció a un varon de Dios y decidió brindarle cobijo, pero no por una vez, sino de manera comprometida para siempre.
Ganó una bendición, y luego fue capaz de no conformarse con perderla sino que rogó y se mantuvo firme en su petición de recuperar su recompensa, se acercó a su verdadero ayudador, ni siquiera dijo a su marido que el niño había muerto, estaba segura que si el profeta le dió el milagro de la concepción también lo podía devolver a la vida. La mujer fue firme y agradecida hasta la adoración. Hay momentos en que el poder de Dios debe ser expuesto, sucedió con ese niño y en esos momentos su Gloria se hace visible.
Leed con detenimiento: «El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá. Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.» [Mateo 10: 40- 42]

