Hola!
Giezi, criado y seguidor del profeta Eliseo. Ejercía de ayuda en cada encargo que le indicaba el profeta, aparentaba obediencia y humildad. Sin embargo, revela su verdadera esencia en cuanto se percata que Eliseo rechaza el ofrecimiento de Naamás de mostrar su agradecimiento con valiosos presentes.
Esto es lo que hay en su corazón: «Entonces Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios, dijo entre sí: He aquí mi señor estorbó a este sirio Naamán, no tomando de su mano las cosas que había traído. Vive Jehová, que correré yo tras él y tomaré de él alguna cosa.» [2ª Reyes 5: 20]
Y ciertamente desobedeciendo a su señor, Giezi siguió su deseo desenfrenado de obtener alguna cosa. Mintió, al presentarse a Naamán, dijo que venía de parte de Eliseo, inventó una justificación, que seria dado en ofrenda a unos jóvenes hijos de profetas que acaban de llegar, para que no hubiese contradicción en lo que antes había dicho Eliseo, que no aceptaba ningún regalo. Más aún, montó una escaramuza para despistar a los criados de Naamán que llevaban los regalos para dejarlos escondidos en un lugar secreto. ¡Y fresco como una «lechuga» despúes de todo, se presenta ante Eliseo! A quien tambíen mintió, pero a Eliseo se le había revelado todo lo que aconteció entre Giezi y Naamán, estaba al descubierto su pecado. Y Giezi, recibió la paga a su pecado, fue castigado por ello: «Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu descendencia para siempre. Y salió de delante de él leproso, blanco como la nieve.» [2ª Reyes 5: 27]
¿Qué enseñanzas guarda este pasaje de la vida de Giezi?
Si el corazón guarda el desenfreno del pecado y la tentación hace sucumbir en ello, conllevará a una consecuencia negativa, el fruto será la secuela del mal sin arrepentimiento, y puede que afecte no solo al pecador sino a su descendencia. Valdría la pena sopesar estas cosas antes de dejarnos tentar.

