sábado 29/08/2020

Hola!

(Hablemos un poco más del primer amor)

Al comenzar una relación donde el vinculo de unión es el amor, surge una vehemente inclinación por la persona amada, eso es sentirse apasionado/a por la otra persona.

El apasionamiento se persive y se expresa en entusiasmo, ímpetu, desenfreno y vivo sentimiento positivo hacia el ser amado. La ansiedad por conocerle a profundidad, de agradarle, hacerle feliz a causa del amor que le profesamos, impulsa al objetivo final: que se sienta amado/a y disfrutar de la relación ambos. Hay gratitud hacia el ser amado, porque reconocemos que nuestra felicidad depende de él/ella. El apuro de que la familia y amigos le conozcan surge enseguida, para mostrar el orgullo que hace sentir y que todo lo apuestas a esa persona, es inspresindible gritarlo al mundo.

Eso es lo que hace el primer amor, hace que estes apasionado. Sin embargo, puede que no todo sea color de rosas, sí al inicio, ya luego comienzan los «estancamientos.» Las dificultades para cumplimentar todo lo que exige la entrega: responsabilidades que cumplir, egoísmos que eliminar, y autosuficiencia que dejar atrás. Estos detalles pueden hacer que aquel apasionamiento se debilite, o se apague… y bien estamos si el amor no se extingue.

La lucha por preservar un buen amor en el tiempo, tiene que ver con no dejar apagar el apasionamiento, esa pérdida de entusiasmo es lo que provocará que el primer amor se descuide y puede que hasta llegue al abandono.

Este apasionamiento que he descrito, habitualmente es el que conlleva en sí el enamoramiento, y que puede derivar en un amor comprometido y serio. He ahí la clave, lograr que el apasionamiento, aquel primer entusiasmo se convierta en amor auténtico, con todo lo que conlleva la convicción de amar a alguien.

Traspolemos esto a la relación con el Señor: Le conoces, estás orgulloso de Él, hablas a todos de Él, dedicas tiempo a sus cosas, cumples su Palabra, en gratitud aceptas su voluntad, es el Centro de tu vida, esto es «seguir» en el primer amor.

Esta es la exhortación:

«Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.» [Judas 1: 20- 21]