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Conclusión:
El vehículo para alcanzar un aunténtico avivamiento, es la oración extraordinaria.
Luego del reconocimiento a Dios: «Pero tú eres nuestro padre, … tú, oh Jehová, eres nuestro padre; nuestro Redentor perpetuo es tu nombre.» [Isaías 63: 16], luego del arrepentimiento y la recocinliación, Dios oye la oración sincera: «¡Oh, si rompieses los cielos, y descendieras, y a tu presencia se escurriesen los montes, como fuego abrasador de fundiciones, fuego que hace hervir las aguas, para que hicieras notorio tu nombre a tus enemigos, y las naciones temblasen a tu presencia!» [Isaías 64: 1- 2]. Aquí el profeta Isaías se percató de la necesidad principal del pueblo, la presencia de Dios en medio de ellos, porque estaban desolados.
He leído este sermón y quisiera compartir esta cita con ustedes:
Por Dr. R. L. Hymers, Jr. Un sermón predicado en el Tabernáculo de Los Ángeles, la mañana del Día del Señor, 2 de Noviembre2, 2014
«El pueblo de Dios estaba en muy mal estado cuando se dio esta oración. Ellos fueron llevados al lugar más bajo del miedo y la tristeza. El profeta no oró para que tuvieran prosperidad financiera. Él no oró para que ellos tuvieran paz mental. ¡Ni siquiera oró para que ellos tuvieran éxito! ¡El no fue como Joel Osteen! Él sabía que no era lo esencial que necesitaban. Isaías sabía que la necesidad principal, vital, era la presencia de Dios en medio de ellos. Así hace una de las más grandes oraciones registradas en las Escrituras: «¡Oh, si rompieses los cielos, y descendieras, y a tu presencia se escurriesen los montes… !»
En la Historia del Cristianismo cada vez que se ha desgastado y desvanecido la evangelización, un momimiento extendido de oración, trajo como consecuencia un desbordante avivamiento. Dios derrama el Espíritu Santo abundantemente sobre su pueblo, y siempre el antecedente ha sido la oración extraordinaria.
La importancia de un avivamiento radica en que es la forma de expandir el evangelio ostensiblemente, mostrando al mundo el Poder de Dios.

