miércoles 12/08/2020

Hola!

Si somos «alumnos,» cómo hacer para estar totalmente embuidos en el interes de aprender? Pues la tarea, a veces no es fácil, ni entretenida, y como muchas veces estamos sujetos a miles de preocupaciones de lo cotidiano sinténdonos abrumados se entorpece la actitud positiva para la dispisición de aprender.

Dicen los que investigan sobre el vínculo maestro/estudiante, que el acto de estudiar se encuentra relacionado con distintas áreas que expresan los objetivos educacionales; estos son: cognitivo, afectivo, conductual.

El cognitivo tiene que ver con el conocimiento que se adquirirá, el afectivo deviene de las actitudes y efectos que se establecen al aprender, el conductual será el comportamiento y habilidad que se maniefiesta. Lo más sobresaliente es la importancia del acicate que hay que tener para aprender: la automotivación, que puede ser generada de manera individual o que el maestro la incentive. El que estudia debe fijarse sus propias metas, el maestro debe impulsar la autorregulación del aprendizaje.

El clima de confianza, explicar el porqué de las cosas, respetar la creatividad del alumno, motivar y orientar son las claves para que el maestro tenga éxito en su labor, y el alumno debe tener el ansia de aprender, de escuchar/leer lo que el maestro intenta que incorpore en su saber.

Hay algo sumamente interesante que expresa el Libro de Eclensiastés (AT). Primero, es un libro sapiensal, breve, que se refiere al hijo de David (rey Salomón), como autor o que habla sobre él. Segundo, en su discurso la cuestión que más preocupa es sobre ¿Qué debe conocer, saber el ser humano para vivir de manera plenamente satisfactoria? Este es el fin de la labor del aprendizaje, lograr el objetivo de: placer, sabiduría y realizar grandes empresas. Sin embargo el autor resume su pensar en: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad,» y esto lo dice porque en fin de cuentas, la actividad infinita de Dios en el mundo es un misterio impenetrable para la «sabiduría humana,» de manera que apoyarse en la propia experiencia y en razonamientos humanos no desvelará la verdadera sabiduría, y afirma entonces que el todo del hombre se halla en su relación con Dios.

«Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne. El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.» [Eclesiantes 12: 13]

Puedo concluir que el conocimiento humano es bueno, la diligencia en aprender es bueno, pero toda sapiencia que lleva a experimentar trabajo, placer, familia, conocimientos en general, no satisfacen los anhelos más profundos del ser humano, sino que tienen un valor relativo. Conocer el centro de la VERDAD: «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová» [Proverbios 1: 7] da la satisfacción del conocimiento.