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Tenemos necesidades primarias, aquellas que al satisfacerlas nos permiten sobre-vivir desde el punto orgánico, es decir de estás depende la supervivencia, todos las conocemos, por ejemplo alimentarnos, el estímulo del hambre hace que las personas consigan los alimentos; por ello se ha desarrollado durante la historia de la humanidad las técnicas de agricultura, de pesca y toda una industria que procesa los alimentos para su conservación. Un estimulo primario provocó un desarrollo técnico- industrial enorme para asegurar la satisfacción de esa necesidad básica. Así también la necesidad de cubrir el cuerpo con ropas, y de protegernos de los cambios climáticos con un refugio, y del mantenimiento de la Salud provocó desarrollo industrial y técnico en esas esferas.
Tenemos necesidades secundarias, las cuales aunque no son vitales, provocan bienestar a las personas. Generalmente tienen un componente cultural o temporal, son aquellas que provocan en las personas querer obtener «cosas,» dinero y posiciones sociales, ser «admirados,» aquí se incluye la necesidad de afiliación, reconocimiento social y la llamada autorrealización.
Una tercera necesidad es la espiritual, no por mencionarla último es de menor importancia. Responde a las preguntas elementales: de dónde vengo? qué propósito tengo? Esto es lo que lleva a desarrollar una filosofía de vida, que se basa en la esperanza y fe en la mayoría de los casos. (En nuestro caso somos testigos de la fe cristiana y del único y verdadero Dios creador).
Luego de esta pequeña introducción «miremos» este pasaje de todos conocido u oído, Capítulo del Nuevo Testamento en Lucas 4: versos del 1 al 13.
«… Y (Jesús) no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, dí a esta piedra que se convierta en pan.» No es casual que la primera tentación fuese tocante a una necesidad básica. Cuando tenemos en peligro la integridad fisiológica, es cuando más vulnerables somos. El hábito de conseguir alimentos, por ejemplo, suele ser tedioso. Trabajar, esforzarse siempre es sacrificado y puede que se faciliten otras maneras de obtener las cosas para cubrir necesidades básicas, por eso exhorta la propia Palabra: «El que hurtaba, no hurte más, antes trabaje, obrando con sus manos lo que es bueno, para que tenga de qué dar al que padeciere necesidad.»[Efesios 4: 28- 28]
«Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos.» Esta segunda tentación que incluye la obtención de bienes materiales y poder sobre los demás, es sumamente frecuente. Que el núcleo de nuestras vida sea el ansía por riquezas material y de «gloria humana,» lleva a la idolatría indudablemente. La respuesta de Jesús fue radical: «Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.»
La tercera tentación, tiene que ver con nuestras «manías» de ser arrogantes, orgullosos y prepotentes, pone a prueba las capacidades de Dios, incita a realizar cosas que supuestamente Dios va a hacer a través de nuestros deseos y caprichos: «Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden; y, En las manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra.» Y claramente sabemos que para algo existe la prudencia y la NO NEGLIGENCIA. Cuidado!, puede ser nefasto tentar a Dios, la respuesta de Jesús: «… No tentarás al Señor tu Dios,» lo dice todo.
Observación: cada situación fue esgrimida por el Señor con la Palabra, no usó argumentos fuera de las Escrituras, señal que al enemigo se le combate con la espada de dos filos, como se describe en Hebreos 4: 12.
Un versículo para memorizar: «No pondré delante de mis ojos cosa injusta. Aborrezco la obra de los que se desvían; Ninguno de ellos se acercará a mí.» [Salmos 101:3] Seguramente nos será útil cuando atravesamos un desierto.

