La familia nuclear tiene una función que cumplir. Es donde se abona el terreno, para el desarrollo en madurez y plenitud de los individuos que formaran parte de la sociedad. Lo que se enseña a los hijos y lo que estos aprenden lo podrán en práctica en su futura familia, se repetirán esos principios de generación en generación, por supuesto que la impronta cultural que rodea a la familia intervendrá en este desarrollo.
Al desarreglo en el funcionamiento de algo o en la función que le corresponde se le llama DISFUNCIÓN. Una de la clasificaciones que se le adjudica a la Familia es ser funcional o disfuncional, según el comportamiento del grupo. El entorno primario (HOGAR) donde marido y mujer se entrelazan en la vida intima y familiar al unísono con los hijos que procreen, condicionará su exteriorización futura a la sociedad de cada uno de sus componentes. El resultado, aunque no es idéntico en cada miembro porque dependerá del carácter y expectativa individual, será generalmente devastador según las acciones que provoque esa disfunción alejada de la verdadera tarea de la familia. El fruto será el miedo, vida sin sentido, desencanto, violencia y desequilibrios mentales. Una familia disfuncional requerirá intervención profesional terapéutica en el 100% de los casos, es la forma para frenar la inercia de seguir un mismo patrón de generación a generación.
Los típicos exponentes de la mala función familiar son, entre otros menos visibles:
Presencia de ABUSO: Se evidencia un rasgo de abuso en la relaciones intrafamiliares cuando se hace daño psicológicamente, físicamente o sexualmente a los miembros que están en desventaja o vulnerabilidad sea por su edad, sexo, salud, o grado de capacidad mental.
Hacer sentir INDIGNO: Se exponen desafíos altos y continuos, se hace difícil cumplir la tarea, siendo imposible encontrar dentro de la familia compresión, tolerancia ante un fracaso o desventaja, por lo que se declara indigno el mimbro incapaz de llegar a la «meta.» Los sentimientos que están reafirmando son de censura, negación, desprecio, resquebrajando el valor a cada miembro.
Testigo de la VIOLENCIA doméstica: Sobre todo cuando algún miembro padece de adición, ya sea de drogas: menores o mayores, al juego, a los dispositivos móviles u otros equipos que trabajen con internet, al trabajo, etc. Se genera un clima violento cuando otro mimbro intenta parar dicha adicción, y se torna el ambiente crispado, priman los gritos, las malas maneras, los golpes y los insultos.
Vivir en INCERTIDUMBRE: falta de seguridad, prima lo caótico. Este sistema de vida daña profundamente el área emocional sobre todo de los niños, se desarrolla un estrés crónico, y se predisponen a que todo puede ir fatal. No hay planificación, ni constancia, ni una metódica para cada actividad, lo que conlleva a falta de buenos hábitos y costumbres adecuadas para una futura interrelación con la sociedad.
Crear ambiente de DESCONFIANZA: Cuando en exceso se hermetiza la familia. No hablar de las particularidades de la familia, ni de sentimientos, no confiar en nada, ni nadie que no sea dentro de la burbuja del núcleo familiar son exigencias para los miembros, esto implica un gran esfuerzo para mantener cerrado el ecosistema familiar, aparentando siempre un status ante los demás, esta actitud conlleva a recelar de todo y de todos, vivir «mosqueados» pensando que siempre te quieren dañar los de afuera.
¿Qué método será útil aplicar en la convivencia familiar para crear un HOGAR, y desarrollar una familia funcional?
Ya lo hablamos:
Sólo hay una forma, manera, táctica, proceder, norma: EL AMOR.

